lunes, 24 de diciembre de 2012

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Preguntas


Instalada en mi casa, en Compostela, ya echo de menos Angers. Ahora que mi vida Erasmus ha acabado, no sé qué hacer con el blog, le he cogido el gustillo a esto de escribir, más del que pensaba. Lo empecé para explicar mi experiencia en Francia, y para no tener que contar mil veces lo mismo, ya que me pareció una buena manera de tener informada a la gente interesada en lo que me pasaba.

Para ponerle final a todo lo referente con Angers, Francia y el Erasmus, voy a contestar una serie de preguntas que me ha hecho mucha gente ahora que he vuelto.

¿Por qué elegiste Francia como destino?

Puse Angers como primera opción, y para mi sorpresa, me lo concedieron.

El por qué lo tengo claro, no quería irme a un país que no aportase nada en mi currículum y con una lengua que no me sirviese para nada.

Francia tiene prestigio y yo estudié francés durante todo ESO y bachillerato, así que me apetecía ponerlo un poco en práctica, y de las opciones que tenía era la que más me llamaba, y siendo realistas, una de las que me podrían conceder.

Además nunca había estado en Francia y era una buena oportunidad para conocer un poco el país y las costumbres.

¿Has aprendido mucho?

Depende. A nivel académico no he aprendido absolutamente nada. No porque yo sea una eminencia y ya lo sepa todo, sino porque en Angers hacía comunicación en general, por lo que de publicidad en concreto no he ampliado ningún tipo de conocimiento. Además este año hago cuarto, y allí estaba en asignaturas de primero, segundo y tercero, porque no existe cuarto.

Se supone que el plan Bolonia es para adaptarnos a Europa y tener un título homologado en cualquier país. Nada más alejado de la realidad.

La facultad en la que estaba contaba con unos equipos increíbles (iMacs, réflex Canon nuevísimas, buenas cámaras de vídeo…) pero yo creo que no le sacan ningún provecho porque no tienen las capacidades, ya que no les explican ningún programa en clase (a mí tampoco es que me hayan dado muchas clases de programas de diseño y de edición, pero me he buscado la vida).

Mi Erasmus no fue como yo esperaba, he tenido 10 asignaturas (en Pontevedra tendría 5) y un horario de locos. Algunas semanas he vivido en la facultad sin tiempo ni para comer, y otras no he hecho ni el huevo, pero no porque yo fuera Erasmus, porque a todos los alumnos les pasaba lo mismo. No tuve asignaturas tan duras como en España, ni con el mismo nivel de exigencia, pero he ido a clase y he tenido que trabajar. Esto lo aclaro por si alguien pretende venir para no hacer nada.

El idioma. No vuelvo bilingüe, ni mucho menos, pero considero que he afinado bastante el oído. No ha sido una inmersión lingüística al 100% porque he convivido con españoles, pero he conseguido un poco más de nivel, más aceptable. De todas formas he hablado más inglés que francés con extranjeros, por lo que considero que he perfeccionado más el idioma de Shakespeare que el de Molière; lo que sinceramente me viene mejor para el futuro. No descarto apuntarme a la Escuela de Idiomas o alguna academia para seguir con el francés, ya que he empezado, acabar con algo que lo acredite, no hay que olvidar que vivimos en la era de los “titulitos” y sin un papel que diga que sabes, en realidad es como si no supieras nada.

Me he hecho una experta en ofertas y comparativas de precios en supermercados, ahora cuando vaya a la compra con mi madre será al mismo nivel de conocimiento del mercado, oferta y demanda.

Además me he olvidado de lo que era la buena vida, ya que he tenido que prescindir de cosas como el lavavajillas, la vitrocerámica, la nevera grande con congelador y el sofá.

Tere y yo éramos unas auténticas afortunadas porque teníamos tele, lavadora, microondas y hasta un kettel para calentar agua (yo me llevé el mío, no me esperaba encontrarme con uno allí). Por lo que no sufrimos eso de tener que ir a la lavandería cada semana.

¿Qué te ha aportado el Erasmus?

Principalmente una experiencia positiva y buenos amigos. A pesar de haber sido un Erasmus muy corto, ha estado lleno de momentazos. Algunos buenos, otros geniales, otros indescriptibles y otros que prefiero olvidar o recordar con humor.

No creo que me haya aportado demasiada espabilación, porque ya la llevaba puesta de casa. No es la primera vez que paso un período de tiempo largo en otro país, ni la primera vez que salgo de casa. Esta vez fue más fácil porque fui con Tere, y saber que cuentas con alguien hace que te relajes un poco. A lo mejor para alguien que nunca ha salido de casa y se enfrenta con esto por primera vez, se le puede hacer un poco duro, sobre todo al principio, pero hay que tener un poco de paciencia, una vez que pasa la primera semana todo es coser y cantar. Al principio las cosas se ven peor, hay que darle un tiempo de adaptación. Si tienes la suerte de contar con gente que te hace la experiencia más fácil y amena, todavía mejor.

También me traigo unos kilos de más, no hay quien se resista a los quesos franceses… antes me gustaba el queso, pero ahora me encanta hasta límites insospechados.

¿Recomiendas irse de Erasmus?

Si por mí fuera, sería obligatorio. Aunque fuese sólo un cuatrimestre de un curso. Existen más programas de movilidad y hay varias opciones, como el Séneca, para los que quieran seguir en España, el Erasmus para quienes les apetezca una experiencia europea e incluso el intercambio bilateral con Sudamérica o el ISEP con Estados Unidos para los que busquen EL cambio.

Yo me he ido de Séneca un curso entero y un cuatri de Erasmus, y si tuviera otro curso por delante, no dudaría en irme un poquito más lejos. Así que sí, se lo recomiendo a todo el mundo, me parece que es algo muy importante y que te da ventaja con respecto a la gente que estudia durante toda la carrera en el mismo sitio, con la misma gente, los mismos profesores y el mismo método; ya que tienes otras perspectivas y puedes comparar con otros sitios. Yo lo valoraría positivamente a la hora de elegir un currículum.

Esto es una opinión personal, pero todo la gente que ha vivido alguno de los programas de movilidad,  o han hecho prácticas fuera, seguro que la comparten.

¿Volverías el segundo cuatrimestre?

Si quisiera volver, volvería; pero cuarto es un curso en el que arriesgas mucho yéndote el año entero. El segundo cuatrimestre tengo que hacer el trabajo de fin de grado, prácticas y una asignatura obligatoria. Al ser la primera promoción de plan Bolonia que hace esto, están las cosas un poco en el aire, y ya será difícil enterarse estando en Pontevedra, como para estar en otro país. No quiero pasarme otro año más para acabar la carrera, no me compensa.

Me ha sabido a poco el Erasmus pero tengo muy claro que quiero acabar cuanto antes. Si a nivel académico fuera mejor, me lo pensaría, pero viendo que no aprendo nada y que no aprovecharía las prácticas igual que en España, no barajo la opción de quedarme.

¿Qué es lo que más has echado de menos?

Lo que más he echado de menos ha sido la fiesta y la vida en la calle. Poder ir a un bar a tomar algo sin salir de allí con un ojo menos en la cara, y llegar a casa cuando está amaneciendo sin haber hecho ningún tipo de esfuerzo (véase el “yo sólo iba a tomar algo”).

En cuanto a lo material, las cosas de las que me tuve que desacostumbrar, todos los electrodomésticos que en casa no valoro, pero que cuando no los tienes…

Y obviamente, a mi familia y amigos. También eché de menos ver el mar con frecuencia. Santiago no tiene playa, pero estoy muy acostumbrada a ver el mar, esto es algo que sólo entenderán los que tengan un vínculo con él, y los gallegos lo tenemos muy presente. Además el año pasado en Tarragona era algo que hacía todos los días, y en Francia sólo lo vi en una ocasión.

¿Trabajarías en Francia?

Trabajaría dónde fuese. No me importa irme a otro país a buscarme la vida, a cualquiera donde pueda comunicarme mínimamente; ya sea un país de habla inglesa, francesa o incluso portuguesa. No me pongo barreras a ningún país. Allí donde pueda trabajar, iré.

¿España o Francia?

España. Cuantos más países visito, más me gusta el mío.  La gente, la cultura, la fiesta, la comida y lo más importante: el horario.

En casi todos los países europeos el horario es diferente al español. La vida empieza muy temprano por la mañana y acaba muy pronto por la tarde. Llevé muy mal eso de que las tiendas cerrasen a las 19 y los bares a las 2.

Me gusta Francia, pero para una temporada, como en España, en ningún sitio. Creo que somos los que mejor sabemos disfrutar de la vida en todos los sentidos.

Y con esto creo que respondo a todo lo que me habéis preguntado. Espero que os haya gustado y que vuestra curiosidad quede saciada.

Ahora os pido yo un pequeño favor, que me deis vuestra opinión en cuanto a seguir con el blog o no, seguiría en la misma línea pero el tema variaría, como es lógico, porque ahora que retomo mi vida, no va a ser tan interesante lo que me ocurra, aunque tengo muchos planes en mente. Quiero darle una vuelta al tema, ya que lo que empieza este año es mi vida post-erasmus y la incertidumbre de la búsqueda de trabajo al acabar la carrera.

Y sin más preámbulos, me despido, no sin antes desearos una feliz navidad :)

Esta imagen es una foto photoshopeada de una labor de punto de cruz que hice cuando era enana, mi madre la puso como decoración navideña en casa y me hizo gracia verla


Besos gallegos desde mi querido Santiaguiño :)


lunes, 17 de diciembre de 2012

Lunes


Hoy es lunes, son las 15:42 y escribo desde Charles de Gaulle, uno de los aeropuertos principales de París. Este es el aspecto desolador que presenta la terminal 3. Es lo que tiene llegar con 4 horas de antelación.



Los lunes empiezan las semanas, es el día a partir del cual se comienzan a contabilizar los días y se hacen planes del estilo de “el lunes empiezo la dieta”, “ el lunes me pongo en serio con el trabajo”. Paradójicamente, para mí es como si ya se acabase la semana, que acaba de empezar. No sólo porque vuelvo a España, sino porque dejo atrás a personas que me gustaría meter en la maleta y que formasen parte de la vida que ahora voy a retomar…

Ayer adelanté lo que me pasó hace ya nueve días: me robaron el bolso.

Os prometo que en mi vida me habían robado nada, nunca he perdido un móvil ni he hecho un duplicado de la tarjeta sim, nunca me hizo falta llamar al número para cancelar las tarjetas de crédito…  hasta septiembre de 2012. Ya no puedo presumir de no haber sido nunca víctima de un robo ni de lo poco despistada que soy en cuanto a perder mis cosas.

Como me gusta mucho vivir al límite y experimentar momentos de infarto, a una semana de venir a Angers me robaron la cartera en Santiago. Indocumentada y con las interminables colas para hacer el dni, decidí irme a Pontevedra y sacármelo allí, ya que sin esta tarjeta de plástico no puedes ir a ningún sitio, y yo ya tenía mi vuelo comprado para venir a Francia.

Mi madre, sabia como toda madre (e lista como un allo), me recomendó que me hiciera el pasaporte también, porque lo tenía caducado desde 2009, pero yo que soy muy lista le dije que no, que con el dni era suficiente y que a mí no me habían robado nunca y eso era un mero hecho aislado. “¿Y si quieres ir a Turquía o a Rusia?” me preguntó ella, y yo le dije que si me pagaba esos viajes me sacaba el pasaporte dos veces si quería. Ante su rotunda negativa, renové el dni y pasé del pasaporte.

Después del robo en septiembre, el sábado pasado se repitió en Nantes. La Bohemia, Isagata y yo decidimos ir hasta allí a experimentar una nueva soirée, además que un chico de nuestra clase nos había recomendado encarecidamente la ciudad y teníamos ganas de ir. Como había que coger un tren para ir y otro para volver, decidí llevar dinero suficiente por el tan socorrido “por si acaso”. Mis amigas me invitaron a cenar a su casa para ir a la estación juntas y yo fui encantada, me metí el móvil en el bolso y el cargador, porque tenía la batería bajo mínimos, para enchufarlo un poco en su casa antes de salir y que sobreviviese durante toda la noche.

Cuando salgo en Angers, no me llevo demasiadas cosas en el bolso, porque no me hacen falta, pero esa noche era diferente, y como ya he dicho, el “por si acaso” me hizo llevar toda mi documentación y tarjetas de crédito. A eso de las 4 de la mañana, y en la puerta de Lieu Unique, un chico al que no me dio tiempo ni de verle la cara, me cogió el bolso y salió corriendo. En ese momento empezó la semana más larga y angustiosa de mi vida.

Me daba igual el bolso, me había costado 6 euros en su día en Primark, no me importaba, tampoco me importaba el móvil, ni el maquillaje chanel ni los guantes de piel ni los 50 euros que llevaba en la cartera. Yo sólo podía pensar en mi dni, tan nuevo, recién estrenado como quien dice. Sin dni no podía subirme a un avión y 9 días después ese era el plan que tenía.

Al borde de un ataque de nervios, el portero de la discoteca en cuestión, cogió por banda a una chica argentina que me llevó inmediatamente a la comisaría de Nantes en coche y me hizo de traductora. Yo todavía no me creía lo que me estaba pasando, OTRA VEZ. Pero esta vez la situación era mucho peor, en otro país y sin móvil, incomunicada, pobre e indocumentada. No podía dejar de pensar “la bronca que me va a caer cuando hable con mis padres va a ser épica” aunque en realidad sólo quería hablar con ellos para ver qué hacía con mi vida. En Nantes no me solucionaron nada porque no pude poner la denuncia, me faltaban datos que en ese momento no tenía, como el IMEI del móvil o los números de las tarjetas de crédito.

Este era el segundo problema en grado de importancia: las tarjetas. Tenía que anularlas a la de ya, sobre todo la española, la francesa no me preocupaba tanto. Me dieron un número para anularlas al que llamé cuando la argentina me llevó de vuelta a donde me esperaban mis amigas. El portero de la discoteca en la que estábamos nos dejó llamar desde allí, qué majo fue con nosotras, estuvimos muchísimo tiempo con él intentando arreglar algo. Después de que él hablase con una operadora francesa me pasaron con una que hablaba español, que no española. Y le conté la movida, le di mis datos y el nombre de los bancos y las cuentas de las que había que cancelar las tarjetas.

Mis dos amigas se portaron genial conmigo y me financiaron la vuelta a Angers y el respectivo bus a casa. Me metí en la cama sobre las 9 de la mañana y a las 12 y media estaba llamando a mis padres por skype. Entre el frío que tenía y el mar cuerpo por el robo, no dormí nada. Cuando les conté lo sucedido no daban crédito. Mi madre llamó para cancelar la línea de mi teléfono vodafone, y yo le dije que llamase a mi banco para asegurar que mi tarjeta estaba anulada, que no lo estaba. Cuando fui a Societe General para preguntar por el estado de mi tarjeta francesa, ésta tampoco estaba anulada.

El domingo por la tarde en Angers, fui con Clara y Tere hasta la comisaría para poner la denuncia con la que tendría que ir a la embajada española en París para que me hicieran un salvoconducto. Papel que permite volar a un extranjero a su país de origen sin un documento de identidad. Como me faltaban datos que no podía conseguir en el día, tuve que volver a la mañana siguiente, y ya por fin, con 3 hojas de denuncia en mano, podía ir a París a por el papel que me asegurase que no me iba a quedar retenida entre franceses.

La Bohemia me acompañó a París el jueves, ida y vuelta en covoiturage nos pasamos el día pateando la ciudad. A las 5 de la mañana estaba en pie para quedar con Andrea a las 6:15. El rdv (la quedada) con el conductor era a las 6:30 en la gare (en la estación) y allí estábamos debajo de mi paraguas fresa esperando puntuales. Llovía como si se fuera acabar el mundo, era 13 de diciembre, no 21, pero el cielo ese día proclamaba un holocausto. Llegamos a la ciudad del amor y estaba todo helado, hacía un frío que congelaba las neuronas. Y después de la lluvia que nos había caído encima en Angers, el frío se agudizaba.

Ya en el metro nos fuimos hasta la calle donde está el consulado español en París, el Boulevard Malesherbes. Lo encontramos sin problemas, la bandera que ondeaba en la fachada también ayudaba. Una vez allí presenté la denuncia y dos fotos y solicité el salvoconducto. Previa bronca del funcionario porque ninguna de las dos estábamos inscritas en la embajada como residentes en Francia, la Bohemia se puso a discutir con él sobre este trámite y yo quería suavizar las cosas, que me veía salir de allí sin el papel. Después de la reprimenda, cubrí una instancia y el señor entre risas al leer la denuncia me dijo “seguro que no le dijiste nada a tus padres de que fue en la puerta de una discoteca”. Yo levanté la cabeza mientras cubría el papel y le dije que obviamente mis padres estaban al tanto, que sino a ver de dónde sacaba yo dinero y recursos para presentarme en el consulado después de haber sido desplumada en segundos.

No compartí sus risas y me fui de allí alucinando e indignada, como si no hubiera tenido yo bastante. Esto fue a las 10 de la mañana, el señor de turno nos dijo que volviésemos a las 14:15, un cuarto de hora antes de cerrar, porque había que llamar a Madrid para que confirmasen mi identidad.

Salimos y nos fuimos a tomar un café, que sería importado directamente desde Colombia en un bunker de oro con diamantes incrustados. Vaya sablazo, me sentí timada como una guiri. Menos mal que en la cafetería hacía calorcito y volvimos a la vida en unos minutos. De vuelta al metro fuimos hasta el museo Pompidou, la fuente que está al lado estaba helada. Una vuelta por la calle Rivoli y entre tienda y tienda, era la hora de volver al consulado a recoger el papel.

Mi pase a la libertad duró segundos. El papel dice explícitamente que yo, quien digo ser Andrea Enríquez Cousiño, puedo volar únicamente a España, territorio nacional. Mi vuelo era a Oporto, Portugal, que aunque a mí me parezca que no, y no lo tenga en consideración, es otro país. La señora del consulado me dijo que me hiciera la loca y probase suerte. Estaba yo como para probar suerte, el papel expira el martes 18, así que antes de ese día tendría que coger un avión. La solución que me daba la simpática funcionaria era tentar a la suerte, y encima con Ryanair, que dejan en tierra a una señora por llevar un libro en la mano, me van a dejar a mí ir a Portugal sin dni y con un papel que sólo es válido para España. Claro que sí.

Yo le digo que entonces qué hago, que se supone que mi consulado es el que me tiene que dar una solución firme, no una probabilidad remota. La respuesta fue que me fuera en tren. Con lo bien comunicado que está Galicia igual llegaba en Nochebuena. Llamo a mi madre para decirle que tengo el papel y su alegría duró lo mismo que la mía cuando le dije que sólo servía para volar a España y yo iba a Oporto. Me fui directa al consulado portugués, ya que estaba en París había que agotar todas las posibilidades.

Andrea y yo nos plantamos allí y yo le expliqué a un señor trajeado lo que me pasaba en gallego-portugués-español. Él me entendió a pesar de mi castrapo y me dijo que fuera a hablar con la jefa, Madame Oliveira, a ver qué se podía hacer. Allá voy a la tercera planta, a hablar con la Madame, que aparte de no solucionarme nada, me atendió de una manera muy brusca. Le entregué mi salvoconducto y la tarjeta de embarque y lo primero que dijo fue “esto es un salvoconducto español”. Gracias señora, qué capacidad de observación tan brillante, anonadada me hallo ante tal descubrimiento. Si no fuese porque tenía las esperanzas puestas en ella para que me diera una solución, le hubiera dicho algo así, porque vamos, sudor y esfuerzo me costó conseguir el maldito papel. Después de la afirmación ante la naturaleza del documento, me dijo que si entraba en ese avión y aterrizaba en Oporto me podía quedar allí retenida.

Retenida en Portugal era mil veces peor que quedarme atrapada en Francia. Así que lo de ir al aeropuerto y plantarme en la puerta de embarque a probar suerte, no estaba entre mis planes. Yo ya estaba pensado en hacer una página web rollo www.andreaquierevolveracasaennavidad.com e irme con pancartas al aeropuerto para montar un escándalo y salir en los medios. Andrea que está haciendo periodismo me daba la aprobación.

La fría tarde de París y mi problema que no hacía más que agravarse por momentos, no me dejaba pensar con claridad. No le veía fin al asunto. Tanto dni electrónico, huella digital, tantas bases de datos, tanta informática y tanto ciudadano de la unión europea y allí estaba yo; sin ningún tipo de solución y sin poder coger un avión como si fuera una terrorista. Y todo por un tarjeta de plástico con un chip y una foto en blanco y negro escaneada.

Teníamos que coger el coche del covoiturage para volver a Angers a las 18:00 en la Plaza de Italia, eran las 18:10 y seguíamos en el metro, y sin cobertura. Cuando salimos a la superficie, llamamos al señor y nos fuimos directas a la puerta del McDonald’s donde nos dijo que nos esperaba. La Plaza de Italia es básicamente una rotonda y estacionar allí es imposible. Yo vi un Ford Fusion gris con las luces de emergencia justo delante del McDo, y el coche que ponía en la página web en el que íbamos a ir era un Ford gris grande, por lo que no lo dudé ni un segundo. Casi abriendo la puerta y subiéndome al vehículo, veo que el conductor y el copiloto son dos chicos de color que nada tienen que ver con la foto de covoiturage.fr, con la Bohemia riéndose a carcajada limpia, nos fuimos de allí como quien no quiere la cosa, al ver que no había ningún coche con las mismas características cerca, volvimos al de los negritos, Andrea les preguntó si eran los del covoit, y le dijeron que no. Casi nos subimos al coche equivocado. Ir en coche compartido es como una cita a ciegas.

Ya he dicho al principio que escribo desde el aeropuerto, por lo tanto es obvio que voy a coger un avión, pero he tenido que comprarme otro vuelo, a un destino nacional y con otra compañía. Porque además ryanair no deja volar con salvoconducto. Me salió la noche en Nantes redonda.

Toda la semana de peregrinación por comisarías, bancos, llamadas y trámites para cancelar cosas o volver a dar de alta otras. No me ha salido una úlcera de milagro. Cuando yo creía que no se podía tener más mala suerte en la vida, Murphy volvió a aparecer para que no me atreviese nunca más a subestimarlo.

El viernes pasado (hace tres días) venían a casa los de sinmaletas a buscar nuestras cajas para enviar a España. Teníamos que estar de 12 a 18 en casa, porque en ese intervalo vendrían. Llamamos antes para dar un número de contacto, ya que el que estaba era el mío robado, y para avisar de que la casa en la que vivimos nosotras es la que está detrás del chalet, que íbamos a estar pendientes, pero que lo tuviera en cuenta.

Eran las cinco y no había venido ni Perry. El teléfono tampoco había sonado, y bajamos a la casa a hablar con la familia. Nos abrió el señor y nos da un papel de sinmaletas que pone que un recogedor había pasado a las 16:15, y firmado como si no hubiera nadie en casa para atender el pedido. Tere llamó acto seguido para ver qué había pasado, porque además en la casa había gente, y le dijeron que volverían a por ellas, pero ahora el plazo se alargaba hasta las 19. Como no nos fiábamos del señor, nos plantamos en la puerta a hacer guardia, llegaron Flora y Frederick y se quedaron flipando. Para hacer todavía peor la situación, se puso a llover.

Al poco vimos aparecer un camión blanco, y el conductor parecía que buscaba algo, nos acercamos y era nuestro recogecajas! Casi lo abrazo cuando lo vi aparecer, pobre hombre, no sabía que le esperaban al final de unas escaleras horribles 6 cajas de 20 kilos cada una.

Volviendo al aeropuerto... cuando me decidí a pasar el control de seguridad iba acojonada por si me ponían pegas con el papel, que no podía ser, pero ya no tenía nada claro… estaba sacando el portátil de la maleta, la cámara, el bolso, el reloj etc, y la chica del control me pidió mi tarjeta de embarque, le di el folio que había impreso y me dijo que había un problema. Se me paró el corazón hasta que acabó la frase con “problema informático”. ¡Ay la vida, qué susto! Me dijo que fuera al mostrador de vueling para que me dieran otra tarjeta de embarque y que volviera luego, recogí mis 3 bandejas llenas de cosas y allí me fui.

La suerte parece que ha vuelto a ponerse de mi lado, porque me fui al mostrador y me atendió una chica muy maja, que me dio una tarjeta de embarque nueva. Me dijo que pesara la maleta, tuve otro mini infarto, ya que va cerrada a presión y mi estimación de peso sobrepasaba los 10 kilos... Y mi corazón volvió a la vida cuando vi en la báscula 9.8. Menos mal… de repente me dice, “¿quiere facturarla? Es gratis, va incluido”. ¿Gratis? No hizo falta que me lo repitiera dos veces. Llevo todo el día cargando con ella. Le pregunté si podía entrar con el portátil en la mano y me dijo que sí, así que he pasado el control de seguridad con mi papel de la felicidad (el salvoconducto) sin ningún tipo de problema y como una ejecutiva, con bolso y portátil. Igualito que Ryanair. Me da un poco de miedo porque va la réflex dentro, pero va envuelta en capas y con la funda, malo será.




Y esta ha sido la historia de mi infierno burocrático. He sobrevivido gracias a que tengo unas amigas que ya les gustaría a muchos y a mis padres, que también les gustaría a muchos. Me han tenido que salvar el culo como siempre. Si no fuera por ellos y por Isa, que me dejó su móvil, por Clara y Tere que me ayudaron con la denuncia, y por Andrea que me acompañó a París, quizás ahora estaría en Angers a la espera de ver qué pasa.

Y como todo acaba donde empieza, el sábado Tere y yo fuimos a cenar con Beatriz y su marido, la amiga francesa de mi madre que nos vino a recoger a la estación el día que llegamos, y quien nos invitó a comer el primer fin de semana que pasamos en Angers. Nos invitaron a una crepería estupenda y salimos de allí como si hubiera sido la comida de Navidad. Acto seguimos nos fuimos al Petit Château, a la última fiesta, dónde también fuimos a la primera.

Tere y yo con nuestra maleta de mano y sin apenas cosas porque las cajas están de camino a España, nos quedamos solas la última noche, como la primera. Ayer teníamos cena con Flora y Yusuke de despedida, pero se quedaron atrapados por la nieve (estaban de viaje) y no pudimos decirles adiós. Yo en parte me alegré un poco, un trámite doloroso que nos ahorrábamos. Le dejamos a la vecina china de abajo el regalo que le habíamos comprado a Flora y le hicimos un cartel que pegamos en su puerta, con una cortinilla de té incluida.

Y para cerrar todos los círculos, anoche dormimos juntas en la cama grande. La diferencia es que la primera vez era porque teníamos miedo y estábamos las dos como desamparadas ante lo desconocido. Ayer era por la morriña de tener que irnos. Aunque en parte nosotras tenemos suerte, yo a Tere la voy a ver en clase en Ponte y en Santiago, y vamos a sacarnos el carnet de conducir e ir juntas al gimnasio, así que no tengo queja, porque una persona fundamental de mi vida Erasmus se viene conmigo a mi vida de siempre. Me da muchísima rabia no haber podido volver juntas como era lo previsto, desde Tours hasta Oporto, y tener que irme desde París hasta Madrid para llegar a mi casa mañana... 

Por otro lado hay círculos que no se cierran, como las amistades que se hacen, y las que son siendo de Erasmus hay que vivirlas para entenderlas. Se me cae la lagrimilla escribiendo esto, no me preocupa demasiado porque en los aeropuertos siempre ves a gente que viaja sola, con cara triste, o con cara de felicidad. Quien sabe si porque deja a alguien atrás o porque va a reencontrarse con una persona especial. Yo tengo una mezcla de sentimientos rarísima, por los que dejo atrás y por las ganas que tengo de ver a los de siempre.

Hoy al subirme al coche para venir a París abrí la carta que me dio la Bohemia y no pude evitar sonreír al ver el interior del sobre: flores.



 El lunes que algo acaba y algo empieza.



domingo, 16 de diciembre de 2012

Sin papeles


Cómo liarla a 9 días de volver a España: que te roben el bolso. Próximamente desde Charles de Gaulle, la peor semana burocrática de mi vida.




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sábado, 8 de diciembre de 2012

El frente asiático

Desde que llegamos a Angers en septiembre, nuestra vecina Flora ha sido como nuestra madre. Nos cuida, se preocupa por nosotras, nos ayuda con las arañas que quiebran nuestra paz interior, nos trae siempre un poco de todo lo que cocina para que probemos especialidades taiwanesas, al igual que un te especial para cada estado de ánimo o dolencia, véase cansancio, dolor de estómago o una dura noche de trabajo por delante.

Nos prepara una cosa diferente en cada ocasión para que podamos degustar varios platos, o de repente nos aparece con un café con espuma y nuestro nombre escrito con miel digno de Starbucks. No deja de sorprendernos con la cantidad de aparatos que se compra para hacer todas estas pijadas. Además de su arte culinario, Flora es una persona muy interesante con la que puedes tener una buena conversación. Es especial para nosotras no sólo por la cultura tan diferente que tiene, sino porque es una persona tan entrañable que se hace querer.

Desde que está en Europa, Flora ha visitado Islandia, Londres y ahora mismo está en el Mont Blanc. En febrero tiene vuelos a Barcelona y después… ¡Barcelona-Santiago de Compostela! ¡Tanto nos va a echar de menos (y nosotras a ella) que nos viene a visitar a Tere y a mí en febrero! Nos preguntó una vez que con qué compañía volábamos y cuando le dijimos lo poco que nos había costado el vuelo con Ryanair, yo creo que ni se lo pensó. Qué ilusión que venga a vernos, además se ve que a ella también, tenemos que organizar un buen plan para que vea lo increíble que es Galicia.




Esta foto se la hizo Tere a Flora para un trabajo de foto, y me hace muchísima gracia, la ropa parece escogida a propósito pero era la que llevaba puesta ese día, se puede apreciar la cantidad de cosas que tiene en su habitación


Además de por Europa, Flora también ha estado en Estados Unidos y países asiáticos, es la más Willy Fog. Se acuerda de nosotras en cada viaje que hace, nos saluda siempre con una sonrisa de oreja a oreja y el buen humor es lo que la caracteriza, siempre viene a hablarnos y a hacernos compañía y nos presenta a sus mil amigos, que a base de cenas juntos, los hemos ido conociendo a casi todos.

Y esto es lo que quiero contar, las cenas con el frente asiático. No sabemos muy bien cómo ni cuándo empezaron, porque pasaron de ser cenas con Flora a cenas multitudinarias. Siempre son en el estudio grande, que es en el que estoy yo ahora, y la mesa es una estampa digna de la ONU, multirracial. Lo difícil fue aprenderse los nombres de cada comensal, pero eso lo fuimos consiguiendo a fuerza de repetir.

El último amigo de Flora en unirse a nuestras cenas fue Yuichiro, japonés. Ver el nombre escrito hace que tu mente lo lea y lo procese acompañado de entonación española y una pronunciación que nada tiene que ver con cómo suena en la realidad. Después de aprender a decir Yusuke y Sun Hee, Yuichiro fue imposible, tanto que en una cena lo bautizamos como Dan, para poder dirigirnos a él sin parecer deficientes.

Aquí muchos asiáticos tienen dos nombres, el suyo en su lengua materna, y otro occidental, para facilitarnos la vida, son así de majos. Pero Yuichiro sólo tiene su nombre japonés y puf… cada vez que lo decía teníamos que poner todas nuestras neuronas en funcionamiento para poder repetir el mismo sonido que salía por su boca.
Flora en realidad se llama “Chaaaaa uen” escrito como suena, obviamente, que de momento chino no he aprendido (no lo descarto tampoco), pero nunca la llamamos así.

Una de las cenas más graciosas fue hace ya un mes, nos juntamos muchos en casa y como siempre, cada uno cocinó algo típico. Las cenas las solemos hacer los domingos o los miércoles, y recuerdo que Tere y yo no teníamos nada en la nevera ni ganas de ir al super e hicimos una ensalada asquerosa con una lata que teníamos de verduras, la típica lata de ensaladilla, pero peor. No sé en qué momento de lucidez nos compramos eso. La ensalada en cuestión tenía una pinta horrible, como verde podrido, pero la vendimos como “tipical spanish” y se comió. Yo me atreví a probarla, y con el aliño no estaba tan mala.


Liao, un amigo taiwanés de Flora trajo muchísimas cervezas asiáticas, para que probásemos un poco de todo, además de vino, sidra etc. 







El chico este hablaba más idiomas que el Google Translator, incluido el español, y lo estuvo poniendo en práctica con nosotras. En esa cena estábamos Olga (mejicana), Flora y Liao, Yusuke, una chica coreana de la que no me sé el nombre y Sun Hee. Este último siempre nos deja boquiabiertos con sus bailes, después de todas las cervezas que se bajó el amigo coreano y animado por el entregado público se dispuso a bailar. Le puse LMFAO, se descalzó y empezó el espectáculo.





Esta cena fue muy graciosa, pero nada comparado con la última. El domingo pasado vino Clara a casa y ella y Tere hicieron una lasaña de diez, yo me limité a poner la mesa y recoger después. Fue el plato estrella de la noche sin duda, todos nuestros invitados quisieron repetir. Ese día conocimos a Frederick, un nuevo habitante de nuestra familia francesa. Nigeriano de 21 años, estudia francés como Flora y todo el frente asiático. Nos pareció majísimo, su lengua materna es el inglés así que lo habla genial, lógicamente. Nos habló de literatura, música, cine y series. Nos conquistó.

Yuichiro hizo trucos de magia en la cena, pero no los típicos cutres que todos sabemos hacer, unos increíbles, nosotras no salíamos de nuestro asombro. Además era graciosísimo porque los explicaba medio en inglés medio en francés. Después nos dijo que le gustaba mucho Juan Tamariz y nos preguntó si lo conocíamos. Nos sorprendió después hablando italiano. Qué majo, nos cayó genial. Os enseño algunas fotos, que no pueden faltar.





 Yo, Clara, Tere, Frederick, Yusuke, Yuichiro y Flora























Yuichiro en plena acción




La última cena fue este miércoles, Tere y yo estuvimos con la Bohemia haciendo el trabajo del cómic en su casa, ya que nos invitó a probar su nuevo chocolate Suchard para la tassimo, y no pudimos rechazar semejante oferta; allí nos fuimos Clara, Tere y yo. Teníamos cena con Flora, pero no habíamos fijado ninguna hora, pero suelen ser a las siete/ocho. Ese día estábamos liadas con el trabajo y llegamos a las casa a las diez y media. Lo primero que vi al abrir la puerta fue la araña gigante que casi nos mata la otra vez, fue la segunda vez que la vimos esta semana.

Qué espectáculo, pegué semejante grito y cerré la puerta tan rápido que Tere ya entendió que había algo que no quería ver y no dijo nada. Flora, Yusuke y Yuichiro bajaron en seguida para ver si estábamos bien, mientras Tere lloriqueaba ellos mataban a la araña. Minutos después, que a mí me parecieron horas, abrieron la puerta para preguntar que dónde estaba la araña, y la vi justo detrás de sus cabezas en la puerta de la vecina. Sólo podía gritarles “¡behiiiiiiiiiiind!” (detrás). Después del susto, subimos y cenamos todos en casa, nos prepararon comida riquísima, los dos japoneses hicieron un sushi increíble, nosotras como no tuvimos tiempo para cocinar, compramos helado, que es la felicidad metida en una tarrina de plástico y a todo el mundo le gusta.

Esa tarde después de clase fuimos a comprar el billete de tren para Tours, la ciudad desde la que nos vamos, y nos acompañó Edu a la estación por un atajo, entre otras cosas, nos dijo dos palabras en japonés, una era “tonto” y la otra era “chocho” pero no sabía cuál era cuál. En la cena Tere le dijo a Yusuke y a Yuichiro nuestro descubrimiento y dijimos las palabras. El pobre Yuichiro estaba tirado por el suelo y se tapaba la cara muerto de la vergüenza por lo rara que era la situación. Nosotras no podíamos dejar de reírnos, la palabra en cuestión es “manco” pronunciado así, le explicamos el significado de manco en español y no paraban de reírse cada vez que pronunciábamos la palabra.



Ni idea, Flora, Yuichiro, Yusuke, Tere y yo






Fue una cena graciosísima, de las mejores hasta el momento. Además estaba todo tan rico… cuando volvamos a casa vamos a echar de menos la comida asiática. Tere aprendió a hacer una sopa de las de Flora, ya la hizo un par de veces y le sale tan bien como a ella. Yo también he aprendido para hacerla cuando vuelva. Últimamente estamos bastante cocineras, ayer hicimos berenjenas rellenas, no estaban como las de mi madre, pero nos salieron muy bien, prueba gráfica de ello.




Esta semana fuimos al Atoll (un centro comercial) y mientras estábamos comiendo en el McDonald’s cayó una nieve-granizada increíble, Tere, Clara y yo sólo dábamos gracias por estar a cubierto. Esta semana hace muchísimo frío, de hecho ayer salimos y volvimos en bus en vez de en bici, porque entre el cansancio y el frío... Mejor volver sentadas y calentitas.









Como nos quedan pocos días aquí, hemos decidido aprovechar esta semana a tope, y ayer fuimos a tomar algo muchos de los erasmus españoles. Al final acabamos los de siempre hasta tarde, esta es una foto de ayer en el Soft, un bar de la Bressigny al que vamos bastante. 





Espero que os hayáis reído un poco con nuestras anécdotas asiáticas, que no son pocas. Besos :)