lunes, 24 de diciembre de 2012
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Preguntas
Instalada en mi casa, en
Compostela, ya echo de menos Angers. Ahora que mi vida Erasmus ha acabado, no
sé qué hacer con el blog, le he cogido el gustillo a esto de escribir, más del
que pensaba. Lo empecé para explicar mi experiencia en Francia, y para no tener
que contar mil veces lo mismo, ya que me pareció una buena manera de tener
informada a la gente interesada en lo que me pasaba.
Para ponerle final a
todo lo referente con Angers, Francia y el Erasmus, voy a contestar una serie
de preguntas que me ha hecho mucha gente ahora que he vuelto.
¿Por qué elegiste Francia como destino?
Puse Angers como primera opción, y para mi sorpresa, me lo concedieron.
El por qué lo tengo claro, no quería irme a un país que no aportase nada en mi currículum y con una lengua que no me sirviese para nada.
Francia tiene prestigio y yo estudié francés durante todo ESO y bachillerato, así que me apetecía ponerlo un poco en práctica, y de las opciones que tenía era la que más me llamaba, y siendo realistas, una de las que me podrían conceder.
Además nunca había estado en Francia y era una buena oportunidad para conocer un poco el país y las costumbres.
¿Has aprendido mucho?
Depende. A nivel académico no he aprendido absolutamente nada. No porque yo sea una eminencia y ya lo sepa todo, sino porque en Angers hacía comunicación en general, por lo que de publicidad en concreto no he ampliado ningún tipo de conocimiento. Además este año hago cuarto, y allí estaba en asignaturas de primero, segundo y tercero, porque no existe cuarto.
Se supone que el plan Bolonia es para adaptarnos a Europa y tener un título homologado en cualquier país. Nada más alejado de la realidad.
La facultad en la que estaba contaba con unos equipos increíbles (iMacs, réflex Canon nuevísimas, buenas cámaras de vídeo…) pero yo creo que no le sacan ningún provecho porque no tienen las capacidades, ya que no les explican ningún programa en clase (a mí tampoco es que me hayan dado muchas clases de programas de diseño y de edición, pero me he buscado la vida).
Mi Erasmus no fue como yo esperaba, he tenido 10 asignaturas (en Pontevedra tendría 5) y un horario de locos. Algunas semanas he vivido en la facultad sin tiempo ni para comer, y otras no he hecho ni el huevo, pero no porque yo fuera Erasmus, porque a todos los alumnos les pasaba lo mismo. No tuve asignaturas tan duras como en España, ni con el mismo nivel de exigencia, pero he ido a clase y he tenido que trabajar. Esto lo aclaro por si alguien pretende venir para no hacer nada.
El idioma. No vuelvo bilingüe, ni mucho menos, pero considero que he afinado bastante el oído. No ha sido una inmersión lingüística al 100% porque he convivido con españoles, pero he conseguido un poco más de nivel, más aceptable. De todas formas he hablado más inglés que francés con extranjeros, por lo que considero que he perfeccionado más el idioma de Shakespeare que el de Molière; lo que sinceramente me viene mejor para el futuro. No descarto apuntarme a la Escuela de Idiomas o alguna academia para seguir con el francés, ya que he empezado, acabar con algo que lo acredite, no hay que olvidar que vivimos en la era de los “titulitos” y sin un papel que diga que sabes, en realidad es como si no supieras nada.
Me he hecho una experta en ofertas y comparativas de precios en supermercados, ahora cuando vaya a la compra con mi madre será al mismo nivel de conocimiento del mercado, oferta y demanda.
Además me he olvidado de lo que era la buena vida, ya que he tenido que prescindir de cosas como el lavavajillas, la vitrocerámica, la nevera grande con congelador y el sofá.
Tere y yo éramos unas auténticas afortunadas porque teníamos tele, lavadora, microondas y hasta un kettel para calentar agua (yo me llevé el mío, no me esperaba encontrarme con uno allí). Por lo que no sufrimos eso de tener que ir a la lavandería cada semana.
¿Qué te ha aportado el Erasmus?
Principalmente una experiencia positiva y buenos amigos. A pesar de haber sido un Erasmus muy corto, ha estado lleno de momentazos. Algunos buenos, otros geniales, otros indescriptibles y otros que prefiero olvidar o recordar con humor.
No creo que me haya aportado demasiada espabilación, porque ya la llevaba puesta de casa. No es la primera vez que paso un período de tiempo largo en otro país, ni la primera vez que salgo de casa. Esta vez fue más fácil porque fui con Tere, y saber que cuentas con alguien hace que te relajes un poco. A lo mejor para alguien que nunca ha salido de casa y se enfrenta con esto por primera vez, se le puede hacer un poco duro, sobre todo al principio, pero hay que tener un poco de paciencia, una vez que pasa la primera semana todo es coser y cantar. Al principio las cosas se ven peor, hay que darle un tiempo de adaptación. Si tienes la suerte de contar con gente que te hace la experiencia más fácil y amena, todavía mejor.
También me traigo unos kilos de más, no hay quien se resista a los quesos franceses… antes me gustaba el queso, pero ahora me encanta hasta límites insospechados.
¿Recomiendas irse de Erasmus?
Si por mí fuera, sería obligatorio. Aunque fuese sólo un cuatrimestre de un curso. Existen más programas de movilidad y hay varias opciones, como el Séneca, para los que quieran seguir en España, el Erasmus para quienes les apetezca una experiencia europea e incluso el intercambio bilateral con Sudamérica o el ISEP con Estados Unidos para los que busquen EL cambio.
Yo me he ido de Séneca un curso entero y un cuatri de Erasmus, y si tuviera otro curso por delante, no dudaría en irme un poquito más lejos. Así que sí, se lo recomiendo a todo el mundo, me parece que es algo muy importante y que te da ventaja con respecto a la gente que estudia durante toda la carrera en el mismo sitio, con la misma gente, los mismos profesores y el mismo método; ya que tienes otras perspectivas y puedes comparar con otros sitios. Yo lo valoraría positivamente a la hora de elegir un currículum.
Esto es una opinión personal, pero todo la gente que ha vivido alguno de los programas de movilidad, o han hecho prácticas fuera, seguro que la comparten.
¿Volverías el segundo cuatrimestre?
Si quisiera volver, volvería; pero cuarto es un curso en el que arriesgas mucho yéndote el año entero. El segundo cuatrimestre tengo que hacer el trabajo de fin de grado, prácticas y una asignatura obligatoria. Al ser la primera promoción de plan Bolonia que hace esto, están las cosas un poco en el aire, y ya será difícil enterarse estando en Pontevedra, como para estar en otro país. No quiero pasarme otro año más para acabar la carrera, no me compensa.
Me ha sabido a poco el Erasmus pero tengo muy claro que quiero acabar cuanto antes. Si a nivel académico fuera mejor, me lo pensaría, pero viendo que no aprendo nada y que no aprovecharía las prácticas igual que en España, no barajo la opción de quedarme.
¿Qué es lo que más has echado de menos?
Lo que más he echado de menos ha sido la fiesta y la vida en la calle. Poder ir a un bar a tomar algo sin salir de allí con un ojo menos en la cara, y llegar a casa cuando está amaneciendo sin haber hecho ningún tipo de esfuerzo (véase el “yo sólo iba a tomar algo”).
En cuanto a lo material, las cosas de las que me tuve que desacostumbrar, todos los electrodomésticos que en casa no valoro, pero que cuando no los tienes…
Y obviamente, a mi familia y amigos. También eché de menos ver el mar con frecuencia. Santiago no tiene playa, pero estoy muy acostumbrada a ver el mar, esto es algo que sólo entenderán los que tengan un vínculo con él, y los gallegos lo tenemos muy presente. Además el año pasado en Tarragona era algo que hacía todos los días, y en Francia sólo lo vi en una ocasión.
¿Trabajarías en Francia?
Trabajaría dónde fuese. No me importa irme a otro país a buscarme la vida, a cualquiera donde pueda comunicarme mínimamente; ya sea un país de habla inglesa, francesa o incluso portuguesa. No me pongo barreras a ningún país. Allí donde pueda trabajar, iré.
¿España o Francia?
España. Cuantos más países visito, más me gusta el mío. La gente, la cultura, la fiesta, la comida y lo más importante: el horario.
En casi todos los países europeos el horario es diferente al español. La vida empieza muy temprano por la mañana y acaba muy pronto por la tarde. Llevé muy mal eso de que las tiendas cerrasen a las 19 y los bares a las 2.
Me gusta Francia, pero para una temporada, como en España, en ningún sitio. Creo que somos los que mejor sabemos disfrutar de la vida en todos los sentidos.
¿Por qué elegiste Francia como destino?
Puse Angers como primera opción, y para mi sorpresa, me lo concedieron.
El por qué lo tengo claro, no quería irme a un país que no aportase nada en mi currículum y con una lengua que no me sirviese para nada.
Francia tiene prestigio y yo estudié francés durante todo ESO y bachillerato, así que me apetecía ponerlo un poco en práctica, y de las opciones que tenía era la que más me llamaba, y siendo realistas, una de las que me podrían conceder.
Además nunca había estado en Francia y era una buena oportunidad para conocer un poco el país y las costumbres.
¿Has aprendido mucho?
Depende. A nivel académico no he aprendido absolutamente nada. No porque yo sea una eminencia y ya lo sepa todo, sino porque en Angers hacía comunicación en general, por lo que de publicidad en concreto no he ampliado ningún tipo de conocimiento. Además este año hago cuarto, y allí estaba en asignaturas de primero, segundo y tercero, porque no existe cuarto.
Se supone que el plan Bolonia es para adaptarnos a Europa y tener un título homologado en cualquier país. Nada más alejado de la realidad.
La facultad en la que estaba contaba con unos equipos increíbles (iMacs, réflex Canon nuevísimas, buenas cámaras de vídeo…) pero yo creo que no le sacan ningún provecho porque no tienen las capacidades, ya que no les explican ningún programa en clase (a mí tampoco es que me hayan dado muchas clases de programas de diseño y de edición, pero me he buscado la vida).
Mi Erasmus no fue como yo esperaba, he tenido 10 asignaturas (en Pontevedra tendría 5) y un horario de locos. Algunas semanas he vivido en la facultad sin tiempo ni para comer, y otras no he hecho ni el huevo, pero no porque yo fuera Erasmus, porque a todos los alumnos les pasaba lo mismo. No tuve asignaturas tan duras como en España, ni con el mismo nivel de exigencia, pero he ido a clase y he tenido que trabajar. Esto lo aclaro por si alguien pretende venir para no hacer nada.
El idioma. No vuelvo bilingüe, ni mucho menos, pero considero que he afinado bastante el oído. No ha sido una inmersión lingüística al 100% porque he convivido con españoles, pero he conseguido un poco más de nivel, más aceptable. De todas formas he hablado más inglés que francés con extranjeros, por lo que considero que he perfeccionado más el idioma de Shakespeare que el de Molière; lo que sinceramente me viene mejor para el futuro. No descarto apuntarme a la Escuela de Idiomas o alguna academia para seguir con el francés, ya que he empezado, acabar con algo que lo acredite, no hay que olvidar que vivimos en la era de los “titulitos” y sin un papel que diga que sabes, en realidad es como si no supieras nada.
Me he hecho una experta en ofertas y comparativas de precios en supermercados, ahora cuando vaya a la compra con mi madre será al mismo nivel de conocimiento del mercado, oferta y demanda.
Además me he olvidado de lo que era la buena vida, ya que he tenido que prescindir de cosas como el lavavajillas, la vitrocerámica, la nevera grande con congelador y el sofá.
Tere y yo éramos unas auténticas afortunadas porque teníamos tele, lavadora, microondas y hasta un kettel para calentar agua (yo me llevé el mío, no me esperaba encontrarme con uno allí). Por lo que no sufrimos eso de tener que ir a la lavandería cada semana.
¿Qué te ha aportado el Erasmus?
Principalmente una experiencia positiva y buenos amigos. A pesar de haber sido un Erasmus muy corto, ha estado lleno de momentazos. Algunos buenos, otros geniales, otros indescriptibles y otros que prefiero olvidar o recordar con humor.
No creo que me haya aportado demasiada espabilación, porque ya la llevaba puesta de casa. No es la primera vez que paso un período de tiempo largo en otro país, ni la primera vez que salgo de casa. Esta vez fue más fácil porque fui con Tere, y saber que cuentas con alguien hace que te relajes un poco. A lo mejor para alguien que nunca ha salido de casa y se enfrenta con esto por primera vez, se le puede hacer un poco duro, sobre todo al principio, pero hay que tener un poco de paciencia, una vez que pasa la primera semana todo es coser y cantar. Al principio las cosas se ven peor, hay que darle un tiempo de adaptación. Si tienes la suerte de contar con gente que te hace la experiencia más fácil y amena, todavía mejor.
También me traigo unos kilos de más, no hay quien se resista a los quesos franceses… antes me gustaba el queso, pero ahora me encanta hasta límites insospechados.
¿Recomiendas irse de Erasmus?
Si por mí fuera, sería obligatorio. Aunque fuese sólo un cuatrimestre de un curso. Existen más programas de movilidad y hay varias opciones, como el Séneca, para los que quieran seguir en España, el Erasmus para quienes les apetezca una experiencia europea e incluso el intercambio bilateral con Sudamérica o el ISEP con Estados Unidos para los que busquen EL cambio.
Yo me he ido de Séneca un curso entero y un cuatri de Erasmus, y si tuviera otro curso por delante, no dudaría en irme un poquito más lejos. Así que sí, se lo recomiendo a todo el mundo, me parece que es algo muy importante y que te da ventaja con respecto a la gente que estudia durante toda la carrera en el mismo sitio, con la misma gente, los mismos profesores y el mismo método; ya que tienes otras perspectivas y puedes comparar con otros sitios. Yo lo valoraría positivamente a la hora de elegir un currículum.
Esto es una opinión personal, pero todo la gente que ha vivido alguno de los programas de movilidad, o han hecho prácticas fuera, seguro que la comparten.
¿Volverías el segundo cuatrimestre?
Si quisiera volver, volvería; pero cuarto es un curso en el que arriesgas mucho yéndote el año entero. El segundo cuatrimestre tengo que hacer el trabajo de fin de grado, prácticas y una asignatura obligatoria. Al ser la primera promoción de plan Bolonia que hace esto, están las cosas un poco en el aire, y ya será difícil enterarse estando en Pontevedra, como para estar en otro país. No quiero pasarme otro año más para acabar la carrera, no me compensa.
Me ha sabido a poco el Erasmus pero tengo muy claro que quiero acabar cuanto antes. Si a nivel académico fuera mejor, me lo pensaría, pero viendo que no aprendo nada y que no aprovecharía las prácticas igual que en España, no barajo la opción de quedarme.
¿Qué es lo que más has echado de menos?
Lo que más he echado de menos ha sido la fiesta y la vida en la calle. Poder ir a un bar a tomar algo sin salir de allí con un ojo menos en la cara, y llegar a casa cuando está amaneciendo sin haber hecho ningún tipo de esfuerzo (véase el “yo sólo iba a tomar algo”).
En cuanto a lo material, las cosas de las que me tuve que desacostumbrar, todos los electrodomésticos que en casa no valoro, pero que cuando no los tienes…
Y obviamente, a mi familia y amigos. También eché de menos ver el mar con frecuencia. Santiago no tiene playa, pero estoy muy acostumbrada a ver el mar, esto es algo que sólo entenderán los que tengan un vínculo con él, y los gallegos lo tenemos muy presente. Además el año pasado en Tarragona era algo que hacía todos los días, y en Francia sólo lo vi en una ocasión.
¿Trabajarías en Francia?
Trabajaría dónde fuese. No me importa irme a otro país a buscarme la vida, a cualquiera donde pueda comunicarme mínimamente; ya sea un país de habla inglesa, francesa o incluso portuguesa. No me pongo barreras a ningún país. Allí donde pueda trabajar, iré.
¿España o Francia?
España. Cuantos más países visito, más me gusta el mío. La gente, la cultura, la fiesta, la comida y lo más importante: el horario.
En casi todos los países europeos el horario es diferente al español. La vida empieza muy temprano por la mañana y acaba muy pronto por la tarde. Llevé muy mal eso de que las tiendas cerrasen a las 19 y los bares a las 2.
Me gusta Francia, pero para una temporada, como en España, en ningún sitio. Creo que somos los que mejor sabemos disfrutar de la vida en todos los sentidos.
Y con esto creo que
respondo a todo lo que me habéis preguntado. Espero que os haya gustado y que
vuestra curiosidad quede saciada.
Ahora os pido yo un pequeño
favor, que me deis vuestra opinión en cuanto a seguir con el blog o no,
seguiría en la misma línea pero el tema variaría, como es lógico, porque ahora
que retomo mi vida, no va a ser tan interesante lo que me ocurra, aunque tengo
muchos planes en mente. Quiero darle una vuelta al tema, ya que lo que empieza
este año es mi vida post-erasmus y la incertidumbre de la búsqueda de trabajo
al acabar la carrera.
Y sin más preámbulos, me
despido, no sin antes desearos una feliz navidad :)
![]() |
| Esta imagen es una foto photoshopeada de una labor de punto de cruz que hice cuando era enana, mi madre la puso como decoración navideña en casa y me hizo gracia verla
Besos gallegos desde mi querido Santiaguiño :)
|
lunes, 17 de diciembre de 2012
Lunes
Hoy es lunes, son las 15:42 y escribo desde
Charles de Gaulle, uno de los aeropuertos principales de París. Este es el aspecto desolador que presenta la terminal 3. Es lo que tiene llegar con 4 horas de antelación.
Los lunes empiezan las semanas, es el día a
partir del cual se comienzan a contabilizar los días y se hacen planes del
estilo de “el lunes empiezo la dieta”, “ el lunes me pongo en serio con el
trabajo”. Paradójicamente, para mí es como si ya se acabase la semana, que
acaba de empezar. No sólo porque vuelvo a España, sino porque dejo atrás a
personas que me gustaría meter en la maleta y que formasen parte de la vida que
ahora voy a retomar…
Ayer adelanté lo que me pasó hace ya nueve días:
me robaron el bolso.
Os prometo que en mi vida me habían robado nada,
nunca he perdido un móvil ni he hecho un duplicado de la tarjeta sim, nunca me
hizo falta llamar al número para cancelar las tarjetas de crédito… hasta septiembre de 2012. Ya no puedo presumir
de no haber sido nunca víctima de un robo ni de lo poco despistada que soy en
cuanto a perder mis cosas.
Como me gusta mucho vivir al límite y
experimentar momentos de infarto, a una semana de venir a Angers me robaron la
cartera en Santiago. Indocumentada y con las interminables colas para hacer el
dni, decidí irme a Pontevedra y sacármelo allí, ya que sin esta tarjeta de
plástico no puedes ir a ningún sitio, y yo ya tenía mi vuelo comprado para
venir a Francia.
Mi madre, sabia como toda madre (e lista como un
allo), me recomendó que me hiciera el pasaporte también, porque lo tenía
caducado desde 2009, pero yo que soy muy lista le dije que no, que con el dni
era suficiente y que a mí no me habían robado nunca y eso era un mero hecho
aislado. “¿Y si quieres ir a Turquía o a Rusia?” me preguntó ella, y yo le dije
que si me pagaba esos viajes me sacaba el pasaporte dos veces si quería. Ante
su rotunda negativa, renové el dni y pasé del pasaporte.
Después del robo en septiembre, el sábado pasado
se repitió en Nantes. La Bohemia, Isagata y yo decidimos ir hasta allí
a experimentar una nueva soirée, además que un chico de nuestra clase nos había
recomendado encarecidamente la ciudad y teníamos ganas de ir. Como había que
coger un tren para ir y otro para volver, decidí llevar dinero suficiente por
el tan socorrido “por si acaso”. Mis amigas me invitaron a cenar a su casa para
ir a la estación juntas y yo fui encantada, me metí el móvil en el bolso y el
cargador, porque tenía la batería bajo mínimos, para enchufarlo un poco en su
casa antes de salir y que sobreviviese durante toda la noche.
Cuando salgo en Angers, no me llevo demasiadas
cosas en el bolso, porque no me hacen falta, pero esa noche era diferente, y
como ya he dicho, el “por si acaso” me hizo llevar toda mi documentación y
tarjetas de crédito. A eso de las 4 de la mañana, y en la puerta de Lieu
Unique, un chico al que no me dio tiempo ni de verle la cara, me cogió el bolso
y salió corriendo. En ese momento empezó la semana más larga y angustiosa de mi
vida.
Me daba igual el bolso, me había costado 6 euros
en su día en Primark, no me importaba, tampoco me importaba el móvil, ni el
maquillaje chanel ni los guantes de piel ni los 50 euros que llevaba en la
cartera. Yo sólo podía pensar en mi dni, tan nuevo, recién estrenado como quien
dice. Sin dni no podía subirme a un avión y 9 días después ese era el plan que
tenía.
Al borde de un ataque de nervios, el portero de
la discoteca en cuestión, cogió por banda a una chica argentina que me llevó
inmediatamente a la comisaría de Nantes en coche y me hizo de traductora. Yo
todavía no me creía lo que me estaba pasando, OTRA VEZ. Pero esta vez la
situación era mucho peor, en otro país y sin móvil, incomunicada, pobre e
indocumentada. No podía dejar de pensar “la bronca que me va a caer cuando
hable con mis padres va a ser épica” aunque en realidad sólo quería hablar con
ellos para ver qué hacía con mi vida. En Nantes no me solucionaron nada porque
no pude poner la denuncia, me faltaban datos que en ese momento no tenía, como
el IMEI del móvil o los números de las tarjetas de crédito.
Este era el segundo problema en grado de
importancia: las tarjetas. Tenía que anularlas a la de ya, sobre todo la
española, la francesa no me preocupaba tanto. Me dieron un número para
anularlas al que llamé cuando la argentina me llevó de vuelta a donde me
esperaban mis amigas. El portero de la discoteca en la que estábamos nos dejó
llamar desde allí, qué majo fue con nosotras, estuvimos muchísimo tiempo con él
intentando arreglar algo. Después de que él hablase con una operadora francesa
me pasaron con una que hablaba español, que no española. Y le conté la movida,
le di mis datos y el nombre de los bancos y las cuentas de las que había que
cancelar las tarjetas.
Mis dos amigas se portaron genial conmigo y me
financiaron la vuelta a Angers y el respectivo bus a casa. Me metí en la cama
sobre las 9 de la mañana y a las 12 y media estaba llamando a mis padres por
skype. Entre el frío que tenía y el mar cuerpo por el robo, no dormí nada.
Cuando les conté lo sucedido no daban crédito. Mi madre llamó para cancelar la
línea de mi teléfono vodafone, y yo le dije que llamase a mi banco para
asegurar que mi tarjeta estaba anulada, que no lo estaba. Cuando fui a Societe
General para preguntar por el estado de mi tarjeta francesa, ésta tampoco
estaba anulada.
El domingo por la tarde en Angers, fui con Clara
y Tere hasta la comisaría para poner la denuncia con la que tendría que ir a la
embajada española en París para que me hicieran un salvoconducto. Papel que
permite volar a un extranjero a su país de origen sin un documento de
identidad. Como me faltaban datos que no podía conseguir en el día, tuve que
volver a la mañana siguiente, y ya por fin, con 3 hojas de denuncia en mano,
podía ir a París a por el papel que me asegurase que no me iba a quedar
retenida entre franceses.
La Bohemia me acompañó a París el jueves, ida y
vuelta en covoiturage nos pasamos el día pateando la ciudad. A las 5 de la
mañana estaba en pie para quedar con Andrea a las 6:15. El rdv (la quedada) con
el conductor era a las 6:30 en la gare (en la estación) y allí estábamos debajo
de mi paraguas fresa esperando puntuales. Llovía como si se fuera acabar el
mundo, era 13 de diciembre, no 21, pero el cielo ese día proclamaba un
holocausto. Llegamos a la ciudad del amor y estaba todo helado, hacía un frío
que congelaba las neuronas. Y después de la lluvia que nos había caído encima
en Angers, el frío se agudizaba.
Ya en el metro nos fuimos hasta la calle donde
está el consulado español en París, el Boulevard Malesherbes. Lo encontramos
sin problemas, la bandera que ondeaba en la fachada también ayudaba. Una vez
allí presenté la denuncia y dos fotos y solicité el salvoconducto. Previa
bronca del funcionario porque ninguna de las dos estábamos inscritas en la
embajada como residentes en Francia, la Bohemia se puso a discutir con él sobre
este trámite y yo quería suavizar las cosas, que me veía salir de allí sin el
papel. Después de la reprimenda, cubrí una instancia y el señor entre risas al
leer la denuncia me dijo “seguro que no le dijiste nada a tus padres de que fue
en la puerta de una discoteca”. Yo levanté la cabeza mientras cubría el papel y
le dije que obviamente mis padres estaban al tanto, que sino a ver de dónde
sacaba yo dinero y recursos para presentarme en el consulado después de haber
sido desplumada en segundos.
No compartí sus risas y me fui de allí alucinando
e indignada, como si no hubiera tenido yo bastante. Esto fue a las 10 de la
mañana, el señor de turno nos dijo que volviésemos a las 14:15, un cuarto de
hora antes de cerrar, porque había que llamar a Madrid para que confirmasen mi
identidad.
Salimos y nos fuimos a tomar un café, que sería
importado directamente desde Colombia en un bunker de oro con diamantes
incrustados. Vaya sablazo, me sentí timada como una guiri. Menos mal que en la
cafetería hacía calorcito y volvimos a la vida en unos minutos. De vuelta al
metro fuimos hasta el museo Pompidou, la fuente que está al lado estaba helada.
Una vuelta por la calle Rivoli y entre tienda y tienda, era la hora de volver al
consulado a recoger el papel.
Mi pase a la libertad duró segundos. El papel
dice explícitamente que yo, quien digo ser Andrea Enríquez Cousiño, puedo volar
únicamente a España, territorio nacional. Mi vuelo era a Oporto, Portugal, que
aunque a mí me parezca que no, y no lo tenga en consideración, es otro país. La
señora del consulado me dijo que me hiciera la loca y probase suerte. Estaba yo
como para probar suerte, el papel expira el martes 18, así que antes de ese día
tendría que coger un avión. La solución que me daba la simpática funcionaria
era tentar a la suerte, y encima con Ryanair, que dejan en tierra a una señora
por llevar un libro en la mano, me van a dejar a mí ir a Portugal sin dni y con
un papel que sólo es válido para España. Claro que sí.
Yo le digo que entonces qué hago, que se supone
que mi consulado es el que me tiene que dar una solución firme, no una
probabilidad remota. La respuesta fue que me fuera en tren. Con lo bien comunicado
que está Galicia igual llegaba en Nochebuena. Llamo a mi madre para decirle que
tengo el papel y su alegría duró lo mismo que la mía cuando le dije que sólo
servía para volar a España y yo iba a Oporto. Me fui directa al consulado
portugués, ya que estaba en París había que agotar todas las posibilidades.
Andrea y yo nos plantamos allí y yo le expliqué a
un señor trajeado lo que me pasaba en gallego-portugués-español. Él me entendió
a pesar de mi castrapo y me dijo que fuera a hablar con la jefa, Madame
Oliveira, a ver qué se podía hacer. Allá voy a la tercera planta, a hablar con
la Madame, que aparte de no solucionarme nada, me atendió de una manera muy
brusca. Le entregué mi salvoconducto y la tarjeta de embarque y lo primero que
dijo fue “esto es un salvoconducto español”. Gracias señora, qué capacidad de
observación tan brillante, anonadada me hallo ante tal descubrimiento. Si no
fuese porque tenía las esperanzas puestas en ella para que me diera una
solución, le hubiera dicho algo así, porque vamos, sudor y esfuerzo me costó
conseguir el maldito papel. Después de la afirmación ante la naturaleza del
documento, me dijo que si entraba en ese avión y aterrizaba en Oporto me podía
quedar allí retenida.
Retenida en Portugal era mil veces peor que
quedarme atrapada en Francia. Así que lo de ir al aeropuerto y plantarme en la
puerta de embarque a probar suerte, no estaba entre mis planes. Yo ya estaba
pensado en hacer una página web rollo www.andreaquierevolveracasaennavidad.com e irme con pancartas al aeropuerto para montar
un escándalo y salir en los medios. Andrea que está haciendo periodismo me daba
la aprobación.
La fría tarde de París y mi problema que no hacía
más que agravarse por momentos, no me dejaba pensar con claridad. No le veía
fin al asunto. Tanto dni electrónico, huella digital, tantas bases de datos,
tanta informática y tanto ciudadano de la unión europea y allí estaba yo; sin
ningún tipo de solución y sin poder coger un avión como si fuera una
terrorista. Y todo por un tarjeta de plástico con un chip y una foto en blanco
y negro escaneada.
Teníamos que coger el coche del covoiturage para
volver a Angers a las 18:00 en la Plaza de Italia, eran las 18:10 y seguíamos
en el metro, y sin cobertura. Cuando salimos a la superficie, llamamos al señor
y nos fuimos directas a la puerta del McDonald’s donde nos dijo que nos
esperaba. La Plaza de Italia es básicamente una rotonda y estacionar allí es
imposible. Yo vi un Ford Fusion gris con las luces de emergencia justo delante
del McDo, y el coche que ponía en la página web en el que íbamos a ir era un
Ford gris grande, por lo que no lo dudé ni un segundo. Casi abriendo la puerta
y subiéndome al vehículo, veo que el conductor y el copiloto son dos chicos de
color que nada tienen que ver con la foto de covoiturage.fr, con la Bohemia
riéndose a carcajada limpia, nos fuimos de allí como quien no quiere la cosa,
al ver que no había ningún coche con las mismas características cerca, volvimos
al de los negritos, Andrea les preguntó si eran los del covoit, y le dijeron
que no. Casi nos subimos al coche equivocado. Ir en coche compartido es como
una cita a ciegas.
Ya he dicho al principio que escribo desde el
aeropuerto, por lo tanto es obvio que voy a coger un avión, pero he tenido que
comprarme otro vuelo, a un destino nacional y con otra compañía. Porque además
ryanair no deja volar con salvoconducto. Me salió la noche en Nantes redonda.
Toda la semana de peregrinación por comisarías,
bancos, llamadas y trámites para cancelar cosas o volver a dar de alta otras.
No me ha salido una úlcera de milagro. Cuando yo creía que no se podía tener
más mala suerte en la vida, Murphy volvió a aparecer para que no me atreviese
nunca más a subestimarlo.
El viernes pasado (hace tres días) venían a casa
los de sinmaletas a buscar nuestras cajas para enviar a España. Teníamos que
estar de 12 a 18 en casa, porque en ese intervalo vendrían. Llamamos antes para
dar un número de contacto, ya que el que estaba era el mío robado, y para
avisar de que la casa en la que vivimos nosotras es la que está detrás del
chalet, que íbamos a estar pendientes, pero que lo tuviera en cuenta.
Eran las cinco y no había venido ni Perry. El
teléfono tampoco había sonado, y bajamos a la casa a hablar con la familia. Nos
abrió el señor y nos da un papel de sinmaletas que pone que un recogedor había
pasado a las 16:15, y firmado como si no hubiera nadie en casa para atender el
pedido. Tere llamó acto seguido para ver qué había pasado, porque además en la
casa había gente, y le dijeron que volverían a por ellas, pero ahora el plazo
se alargaba hasta las 19. Como no nos fiábamos del señor, nos plantamos en la
puerta a hacer guardia, llegaron Flora y Frederick y se quedaron flipando. Para
hacer todavía peor la situación, se puso a llover.
Al poco vimos aparecer un camión blanco, y el
conductor parecía que buscaba algo, nos acercamos y era nuestro recogecajas!
Casi lo abrazo cuando lo vi aparecer, pobre hombre, no sabía que le esperaban
al final de unas escaleras horribles 6 cajas de 20 kilos cada una.
Volviendo al aeropuerto... cuando me decidí a pasar el control de seguridad
iba acojonada por si me ponían pegas con el papel, que no podía ser, pero ya no
tenía nada claro… estaba sacando el portátil de la maleta, la cámara, el bolso,
el reloj etc, y la chica del control me pidió mi tarjeta de embarque, le di el
folio que había impreso y me dijo que había un problema. Se me paró el corazón
hasta que acabó la frase con “problema informático”. ¡Ay la vida, qué susto! Me
dijo que fuera al mostrador de vueling para que me dieran otra tarjeta de
embarque y que volviera luego, recogí mis 3 bandejas llenas de cosas y allí me
fui.
La suerte parece que ha vuelto a ponerse de mi
lado, porque me fui al mostrador y me atendió una chica muy maja, que me dio
una tarjeta de embarque nueva. Me dijo que pesara la maleta, tuve otro mini
infarto, ya que va cerrada a presión y mi estimación de peso sobrepasaba los 10
kilos... Y mi corazón volvió a la vida cuando vi en la báscula 9.8. Menos mal…
de repente me dice, “¿quiere facturarla? Es gratis, va incluido”. ¿Gratis? No
hizo falta que me lo repitiera dos veces. Llevo todo el día cargando con ella.
Le pregunté si podía entrar con el portátil en la mano y me dijo que sí, así
que he pasado el control de seguridad con mi papel de la felicidad (el
salvoconducto) sin ningún tipo de problema y como una ejecutiva, con bolso y
portátil. Igualito que Ryanair. Me da un poco de miedo porque va la réflex
dentro, pero va envuelta en capas y con la funda, malo será.
Y esta ha sido la historia de mi infierno
burocrático. He sobrevivido gracias a que tengo unas amigas que ya les gustaría
a muchos y a mis padres, que también les gustaría a muchos. Me han tenido que
salvar el culo como siempre. Si no fuera por ellos y por Isa, que me dejó su
móvil, por Clara y Tere que me ayudaron con la denuncia, y por Andrea que me
acompañó a París, quizás ahora estaría en Angers a la espera de ver qué pasa.
Y como todo acaba donde empieza, el sábado Tere y
yo fuimos a cenar con Beatriz y su marido, la amiga francesa de mi madre que
nos vino a recoger a la estación el día que llegamos, y quien nos invitó a
comer el primer fin de semana que pasamos en Angers. Nos invitaron a una
crepería estupenda y salimos de allí como si hubiera sido la comida de Navidad.
Acto seguimos nos fuimos al Petit Château, a la última fiesta, dónde también
fuimos a la primera.
Tere y yo con nuestra maleta de mano y sin apenas
cosas porque las cajas están de camino a España, nos quedamos solas la última
noche, como la primera. Ayer teníamos cena con Flora y Yusuke de despedida,
pero se quedaron atrapados por la nieve (estaban de viaje) y no pudimos
decirles adiós. Yo en parte me alegré un poco, un trámite doloroso que nos
ahorrábamos. Le dejamos a la vecina china de abajo el regalo que le habíamos
comprado a Flora y le hicimos un cartel que pegamos en su puerta, con una
cortinilla de té incluida.
Y para cerrar todos los círculos, anoche dormimos
juntas en la cama grande. La diferencia es que la primera vez era porque
teníamos miedo y estábamos las dos como desamparadas ante lo desconocido. Ayer
era por la morriña de tener que irnos. Aunque en parte nosotras tenemos suerte,
yo a Tere la voy a ver en clase en Ponte y en Santiago, y vamos a sacarnos el
carnet de conducir e ir juntas al gimnasio, así que no tengo queja, porque una
persona fundamental de mi vida Erasmus se viene conmigo a mi vida de siempre. Me da muchísima rabia no haber podido volver juntas como era lo previsto, desde Tours hasta Oporto, y tener que irme desde París hasta Madrid para llegar a mi casa mañana...
Por otro lado hay círculos que no se cierran,
como las amistades que se hacen, y las que son siendo de Erasmus hay que
vivirlas para entenderlas. Se me cae la lagrimilla escribiendo esto, no me
preocupa demasiado porque en los aeropuertos siempre ves a gente que viaja
sola, con cara triste, o con cara de felicidad. Quien sabe si porque deja a
alguien atrás o porque va a reencontrarse con una persona especial. Yo tengo una mezcla de
sentimientos rarísima, por los que dejo atrás y por las ganas que tengo de ver
a los de siempre.
Hoy al subirme al coche para venir a París abrí la carta que me dio la Bohemia y no pude evitar sonreír al ver el interior del sobre: flores.
El lunes que algo acaba y algo empieza.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Sin papeles
Cómo liarla a 9 días de volver a España: que te roben el bolso. Próximamente desde Charles de Gaulle, la peor semana burocrática de mi vida.
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sábado, 8 de diciembre de 2012
El frente asiático
Desde que llegamos a Angers en septiembre, nuestra vecina Flora
ha sido como nuestra madre. Nos cuida, se preocupa por nosotras, nos ayuda con
las arañas que quiebran nuestra paz interior, nos trae siempre un poco de todo
lo que cocina para que probemos especialidades taiwanesas, al igual que un te
especial para cada estado de ánimo o dolencia, véase cansancio, dolor de
estómago o una dura noche de trabajo por delante.
Nos prepara una cosa diferente en cada ocasión para que
podamos degustar varios platos, o de repente nos aparece con un café con espuma
y nuestro nombre escrito con miel digno de Starbucks. No deja de sorprendernos
con la cantidad de aparatos que se compra para hacer todas estas pijadas.
Además de su arte culinario, Flora es una persona muy interesante con la que
puedes tener una buena conversación. Es especial para nosotras no sólo por la
cultura tan diferente que tiene, sino porque es una persona tan entrañable que
se hace querer.
Desde que está en Europa, Flora ha visitado Islandia,
Londres y ahora mismo está en el Mont Blanc. En febrero tiene vuelos a
Barcelona y después… ¡Barcelona-Santiago de Compostela! ¡Tanto nos va a echar
de menos (y nosotras a ella) que nos viene a visitar a Tere y a mí en febrero!
Nos preguntó una vez que con qué compañía volábamos y cuando le dijimos lo poco
que nos había costado el vuelo con Ryanair, yo creo que ni se lo pensó. Qué
ilusión que venga a vernos, además se ve que a ella también, tenemos que
organizar un buen plan para que vea lo increíble que es Galicia.
Esta foto se la hizo Tere a Flora para un trabajo de foto, y me hace muchísima gracia, la ropa parece escogida a propósito pero era la que llevaba puesta ese día, se puede apreciar la cantidad de cosas que tiene en su habitación
Además de por Europa, Flora también ha estado en Estados Unidos y países asiáticos, es la más Willy Fog. Se acuerda de nosotras en cada viaje que hace, nos saluda siempre con una sonrisa de oreja a oreja y el buen humor es lo que la caracteriza, siempre viene a hablarnos y a hacernos compañía y nos presenta a sus mil amigos, que a base de cenas juntos, los hemos ido conociendo a casi todos.
Y esto es lo que quiero contar, las cenas con el frente
asiático. No sabemos muy bien cómo ni cuándo empezaron, porque pasaron de ser
cenas con Flora a cenas multitudinarias. Siempre son en el estudio grande, que
es en el que estoy yo ahora, y la mesa es una estampa digna de la ONU,
multirracial. Lo difícil fue aprenderse los nombres de cada comensal, pero eso
lo fuimos consiguiendo a fuerza de repetir.
El último amigo de Flora en unirse a nuestras cenas fue
Yuichiro, japonés. Ver el nombre escrito hace que tu mente lo lea y lo procese
acompañado de entonación española y una pronunciación que nada tiene que ver
con cómo suena en la realidad. Después de aprender a decir Yusuke y Sun Hee,
Yuichiro fue imposible, tanto que en una cena lo bautizamos como Dan, para
poder dirigirnos a él sin parecer deficientes.
Aquí muchos asiáticos tienen dos nombres, el suyo en su
lengua materna, y otro occidental, para facilitarnos la vida, son así de majos.
Pero Yuichiro sólo tiene su nombre japonés y puf… cada vez que lo decía
teníamos que poner todas nuestras neuronas en funcionamiento para poder repetir
el mismo sonido que salía por su boca.
Flora en realidad se llama “Chaaaaa uen” escrito como suena,
obviamente, que de momento chino no he aprendido (no lo descarto tampoco), pero
nunca la llamamos así.
Una de las cenas más graciosas fue hace ya un mes, nos juntamos
muchos en casa y como siempre, cada uno cocinó algo típico. Las cenas las
solemos hacer los domingos o los miércoles, y recuerdo que Tere y yo no
teníamos nada en la nevera ni ganas de ir al super e hicimos una ensalada
asquerosa con una lata que teníamos de verduras, la típica lata de ensaladilla,
pero peor. No sé en qué momento de lucidez nos compramos eso. La ensalada en
cuestión tenía una pinta horrible, como verde podrido, pero la vendimos como
“tipical spanish” y se comió. Yo me atreví a probarla, y con el aliño no estaba
tan mala.
Liao, un amigo taiwanés de Flora trajo muchísimas
cervezas asiáticas, para que probásemos un poco de todo, además de vino, sidra
etc.
El chico este hablaba más idiomas que el Google Translator,
incluido el español, y lo estuvo poniendo en práctica con nosotras. En esa cena
estábamos Olga (mejicana), Flora y Liao, Yusuke, una chica coreana de la que no
me sé el nombre y Sun Hee. Este último siempre nos deja boquiabiertos con sus
bailes, después de todas las cervezas que se bajó el amigo coreano y animado
por el entregado público se dispuso a bailar. Le puse LMFAO, se descalzó y
empezó el espectáculo.
Esta cena fue muy graciosa, pero nada comparado con la
última. El domingo pasado vino Clara a casa y ella y Tere hicieron una lasaña
de diez, yo me limité a poner la mesa y recoger después. Fue el plato estrella
de la noche sin duda, todos nuestros invitados quisieron repetir. Ese día
conocimos a Frederick, un nuevo habitante de nuestra familia francesa.
Nigeriano de 21 años, estudia francés como Flora y todo el frente asiático. Nos
pareció majísimo, su lengua materna es el inglés así que lo habla genial,
lógicamente. Nos habló de literatura, música, cine y series. Nos conquistó.
Yuichiro hizo trucos de magia en la cena, pero no los
típicos cutres que todos sabemos hacer, unos increíbles, nosotras no salíamos
de nuestro asombro. Además era graciosísimo porque los explicaba medio en
inglés medio en francés. Después nos dijo que le gustaba mucho Juan Tamariz y
nos preguntó si lo conocíamos. Nos sorprendió después hablando italiano. Qué
majo, nos cayó genial. Os enseño algunas fotos, que no pueden faltar.
Yo, Clara, Tere, Frederick, Yusuke, Yuichiro y Flora
Yuichiro en plena acción
La última cena fue este miércoles, Tere y yo estuvimos con
la Bohemia haciendo el trabajo del cómic en su casa, ya que nos invitó a probar
su nuevo chocolate Suchard para la tassimo, y no pudimos rechazar semejante
oferta; allí nos fuimos Clara, Tere y yo. Teníamos cena con Flora, pero no
habíamos fijado ninguna hora, pero suelen ser a las siete/ocho. Ese día
estábamos liadas con el trabajo y llegamos a las casa a las diez y media. Lo
primero que vi al abrir la puerta fue la araña gigante que casi nos mata la
otra vez, fue la segunda vez que la vimos esta semana.
Qué espectáculo, pegué semejante grito y cerré la puerta tan
rápido que Tere ya entendió que había algo que no quería ver y no dijo nada.
Flora, Yusuke y Yuichiro bajaron en seguida para ver si estábamos bien,
mientras Tere lloriqueaba ellos mataban a la araña. Minutos después, que a mí
me parecieron horas, abrieron la puerta para preguntar que dónde estaba la
araña, y la vi justo detrás de sus cabezas en la puerta de la vecina. Sólo
podía gritarles “¡behiiiiiiiiiiind!” (detrás). Después del susto, subimos y
cenamos todos en casa, nos prepararon comida riquísima, los dos japoneses
hicieron un sushi increíble, nosotras como no tuvimos tiempo para cocinar,
compramos helado, que es la felicidad metida en una tarrina de plástico y a
todo el mundo le gusta.
Esa tarde después de clase fuimos a comprar el billete de
tren para Tours, la ciudad desde la que nos vamos, y nos acompañó Edu a la
estación por un atajo, entre otras cosas, nos dijo dos palabras en japonés, una
era “tonto” y la otra era “chocho” pero no sabía cuál era cuál. En la cena Tere
le dijo a Yusuke y a Yuichiro nuestro descubrimiento y dijimos las palabras. El
pobre Yuichiro estaba tirado por el suelo y se tapaba la cara muerto de la
vergüenza por lo rara que era la situación. Nosotras no podíamos dejar de
reírnos, la palabra en cuestión es “manco” pronunciado así, le explicamos el
significado de manco en español y no paraban de reírse cada vez que
pronunciábamos la palabra.
Ni idea, Flora, Yuichiro, Yusuke, Tere y yo
Fue una cena graciosísima, de las mejores hasta el momento.
Además estaba todo tan rico… cuando volvamos a casa vamos a echar de menos la
comida asiática. Tere aprendió a hacer una sopa de las de Flora, ya la hizo un
par de veces y le sale tan bien como a ella. Yo también he aprendido para
hacerla cuando vuelva. Últimamente estamos bastante cocineras, ayer hicimos
berenjenas rellenas, no estaban como las de mi madre, pero nos salieron muy
bien, prueba gráfica de ello.
Esta semana fuimos al Atoll (un centro comercial) y mientras
estábamos comiendo en el McDonald’s cayó una nieve-granizada increíble, Tere,
Clara y yo sólo dábamos gracias por estar a cubierto. Esta semana hace muchísimo frío, de hecho ayer salimos y volvimos en bus en vez de en bici, porque entre el cansancio y el frío... Mejor volver sentadas y calentitas.
Como nos quedan pocos días aquí, hemos decidido aprovechar esta semana a tope, y ayer fuimos a tomar algo muchos de los erasmus españoles. Al final acabamos los de siempre hasta tarde, esta es una foto de ayer en el Soft, un bar de la Bressigny al que vamos bastante.
Espero que os hayáis reído un poco con nuestras anécdotas asiáticas, que no son pocas. Besos :)
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