sábado, 12 de enero de 2013

Que no puede ser evitado, eludido o detenido


Inevitable, como el miedo que entra al atravesar el pasillo de madrugada, ese miedo que por unos segundos te paraliza y hace que corras hasta llegar a la puerta de tu habitación y aferrarte al picaporte, como si al otro lado de la puerta estuviera la salvación a eso que no existe y que tu cerebro ha querido inventarse para poner tu mente a prueba.

Inevitable, como ponerse el auricular con la R en la oreja izquierda y la L en la derecha, como la caída de la tostada por el lado de la mantequilla y como la pérdida del autobús, que se aleja mientras te quedas plantado en la parada con la única solución de empezar a caminar bajo la lluvia de una tarde de invierno. Imposible escapar de la ley de Murphy.

Inevitable, como coger el bolígrafo azul pensando que es el negro y que no pinte,  como saludar por la calle sin voz, con un “adiós” sin fuerza que sale del fondo de las entrañas. Como el viento que le da la vuelta a tu paraguas plegable o el semáforo que se pone en rojo cuando tienes prisa y ya has empezado a cruzar. Inevitable como el plazo que se pasó, el examen para el que no estudiaste lo suficiente o el plan al que nunca llegaste a tiempo. La película a medio empezar y los créditos sin terminar cuando abandonas la sala del cine al que hace mucho que no vas.

Inevitable como que la gente que viene y está, se va. Como que cambia y te cambia. Que creces y cambias, tú y los que están ahí. Sin casi darte cuenta esa canción que te gustaba tanto suena absurda, tu película favorita sigue siendo la misma, no es tan fácil cambiar algo que te marca. Marcas en la piel, en el alma, porque, ¿de qué estamos hechos sino? De tiempo y de marcas que van dejando experiencias a las que acudirás a buscar consejo dentro de unos años.

Inevitable como el miedo al dentista, al dolor, a la ausencia y al adiós, que siempre viene sin previo aviso. Como el número de teléfono que te sabes de memoria y que nunca marcas, pero que está ahí para confundirse con el tuyo cuando te lo piden. Como la inspiración de madrugada o el sueño del que madruga. Como intentar retener el tiempo entre las manos y la lágrima que lucha por caer.

Inevitable como el momento de las despedidas, algunas para siempre, otras se resumen en un “hasta luego” que te deja el cuerpo helado, como si una parte de ti se la llevase la otra persona, sin tener la decencia de pedir permiso. Como el beso perdido en un quizás o el abrazo que acaba en llanto. Aeropuertos, estaciones de tren o paradas de metro que separan con kilómetros de momentos que no vuelven.

Inevitable como la ignorancia del que habla sin saber o el que contesta con la impertinencia de un maleducado que presume de buenos modales. Como la lluvia que se cuela en tus zapatos y como la sonrisa del que descubre algo por primera vez (o el que lo disfruta por última). Como los propósitos de año nuevo que mueren con la misma rapidez con la que han llegado.

Inevitable como los nervios ante lo desconocido, o como la tranquilidad que da el mar, tan misterioso y tan envolvente, tan relajante e inquietante a la vez. Como el nombre que se te viene a la cabeza cuando pasas por esa calle y como la risa floja del momento tonto del día. Imposible detener un estornudo o un sentimiento que te aprisiona el pecho y no tiene escapatoria.

Inevitable como las casualidades, los encuentros y las horas hasta el amanecer llenas de ruido y luces que te nublan la vista bajo un cielo iluminado por la luna, brillante y ausente; luna que parece que atrapas entre los dedos mientras guiñas un ojo, cuando está tan lejos que a su lado no existes. Como la vuelta a casa, al olor de lo cotidiano y a la comodidad de lo familiar, que está ahí aunque tú no lo estés.

Inevitable como querer saberlo todo de ti, de tu vida, de tus intereses, tus inquietudes, tus problemas, tus preocupaciones, tus vicios, tus manías, tus metas y tus miedos; para guardarlos con los míos bajo llave.  Inevitable como el egoísmo que se siente cuando no quieres compartir a alguien, cuando quieres tener el poder de robarle el sueño.

Inevitable como esa sensación de déjà vu que te transporta al pasado que fue futuro y ahora es presente. Que hace que no entiendas nada pero que no te importe, porque si todo está bien, ¿qué más da eso de entender? Lo racional para quien le guste, para el que no tenga impulsos y no se fíe de su instinto. Para el que estudia cada movimiento y piensa cada jugada.

Inevitable como esa conexión extraña que parece que lleva ahí años, extraña en la totalidad de la palabra y con toda la esencia de la parte positiva que desprende. Inevitable como echar de más lo que antes echabas de menos y echar de menos a los que no conocías.

Inevitable lo que no se puede (ni se quiere) evitar.



viernes, 4 de enero de 2013

Cómo sobrevivir al fin del mundo o cómo malvivir sin móvil

Poco falta para mi cumplemeses de incomunicación con el mundo exterior (sí, me encanta exagerar); el 8 de diciembre de 2012 se produjo el robo de mi bolso, y con ello un sinfín de infortunios más que todavía tengo que solventar, como la ausencia del dni. Para ser sinceros tampoco he llevado tan mal lo del móvil, al no tener tarifa de datos estando en Angers, al llegar aquí ha sido como ampliar mi estado de conectividad nulo.

Cuando mi avión aterrizó en Madrid el 17 de diciembre a las 10 de la noche, cogí mi portátil y el bolso y me metí en el bus que te lleva hasta la terminal como a un rebaño de ovejas guiadas por un pastor. Una vez asentada, muerta de sueño y de frío, no tenía nada más que hacer que fijarme en la gente que tenía alrededor. Al venir de París, los pasajeros del vuelo eran de lo más variopinto, gente joven que venían de Disneyland (las bolsas de regalos era lo que me decían a mí), parejas moñas de enamorados que pasan el fin de semana en la ciudad del amor, señores trajeados maletín en mano, ancianos, algunos perdidos como yo… de todo un poco, lo que tenían la mayoría en común en ese momento era su comportamiento.

Nada más subirme al bus empezaron a sonar pitidos de móviles por todos lados. “Tengo 18 notificaciones en Facebook”, “me han llegado 300 whatsapp”, “oh dios mío! doscientas llamadas perdidas de mi jefe!”. De repente era todo silencio, sólo interrumpido por melodías provenientes de los teléfonos. Ni un intercambio de palabras, cada uno ausente absorbido por una pantalla luminosa que parecía tener mucho más que ofrecer que el paisaje de luces con el que nos deleitaba Madrid esa noche de diciembre.

No voy a mentir, yo me sentí identificada con esa escena, porque si tuviera a mano mi móvil sería la primera en encenderlo aunque no tuviera motivo para hacerlo. Esa vez tenía razones para haberme ausentado del mundo con el teléfono, el vuelo llegaba con una hora de retraso y Marta estaba esperándome allí desde hacía un buen rato, debería llamarla para decirle que ya había llegado. A mi lado en el bus iba el típico que piensa que los móviles no acortan distancia entre las personas y necesita gritar, por si al del otro lado no le llegan bien las ondas, para que lo oiga igual, esté donde esté.

Después de haberme pasado las dos horas del vuelo durmiendo, con un microclima de 30 grados que nos torturaba, lo que menos me apetecía al salir de ese baño turco disfrazado de avión, era aguantar una conversación a gritos que no me importaba nada. El bus no arrancaba y estábamos todos dentro, yo seguía mirando para todos lados sin cortarme un pelo en disimular, me quedé un rato observando a dos parejas de aproximadamente 35 años. ¡Estaban compitiendo por ver quién tenía más cosas en el móvil después de la semana de vacaciones en Francia! Se notaba que el ego del que más notificaciones tenía se iba agrandando cada vez que la pantalla de su iPhone se iluminaba. Parecían adolescentes con un pavo encima que les aplastaba la cabeza, yo no daba crédito.

Nos agilipollamos con el exceso de comunicación: no hace falta saber lo que hace cada uno en cada momento; pero nos hemos creado esa necesidad absurda que no consigue más que controlarnos los unos a los otros. Cuando salió el rumor de que Whatsapp iba a quitar la famosa “última hora de conexión” estalló una guerra fría. Los amantes de este dato y los que votaban por su eliminación. A mí al principio me pareció mal que lo quisieran quitar, porque yo lo veo útil, por ejemplo cuando le escribes a alguien y ves que nunca jamás se conecta, pues coges y llamas, acabas antes y te aseguras de que el otro se entera de lo que quieres.

No es que puedas sacar mucha información con la última hora de conexión, porque ver que alguien se desconectó a las 6 de la mañana no implica que haya salido de fiesta y esa sea la hora a la que llegó a casa; simplemente pudo levantarse a por un vaso de agua en medio de un mal sueño o es que ha madrugado mucho. Pero a todos nos encanta pensar mal y llevar nuestros pensamientos al extremo que queremos, y esto es así.

No voy a venir yo ahora a dar lecciones de moral porque soy tan dependiente de la tecnología como antes de estar sin móvil, pero me he dado cuenta de lo prescindible que es en muchos sentidos porque estoy sufriendo la desconexión. Sin ir más lejos, mi padre no tiene móvil, por lo que soy consciente de que se puede vivir así. De acuerdo que esto hoy en día no es lo normal, pero su argumento es que no necesita estar localizable todo el tiempo, razón más que suficiente. Ahora me doy cuenta de esa decisión tan inteligente, eso sí, quítale el portátil e internet y a ver cómo lo lleva.

Seguro que yo llevaría peor el tener que prescindir de esto último; ya que me considero tecnológicamente dependiente de Internet, como herramienta de trabajo y como ocio, y por consiguiente del móvil también, porque ahora no tener tarifa de datos es como tener un teléfono obsoleto. Pero aborrezco la televisión, y cuando la enciendo recuerdo el por qué no la veo nunca. 

Creo que estamos sobrecomunicados y estamos olvidando la esencia de toda comunicación por el uso abusivo de los medios que nos mantienen "ahí" 24 horas al día. A mí como futura publicista esto es algo que me favorece, pero dejándolo al margen, en el fondo me da pena (por llamarlo de alguna forma) ver cómo van cambiando las cosas. A veces la tecnología no mejora sino que empeora.

Para terminar, una frase de Einstein a la que le llevo dando vueltas unos días, y una imagen graciosa y penosa a la vez.


"Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra 

humanidad: el mundo solo tendra una generación de idiotas"





miércoles, 2 de enero de 2013

Fotoresumen


Para no engañarme a mí misma voy a ahorrarme eso de los propósitos de año nuevo, que son más falsos que la eterna juventud de Isabel Preysler; pero en su lugar tengo muchos planes que ocuparán la mayoría de mi tiempo, poco a poco los iré desvelando... ;)

Sería muy egoísta por mi parte pedirle al 2013 que sea mejor que el 2012, porque creo que no se puede superar, pero nunca se sabe! Gracias a todos aquellos que hicisteis del año en el que se acababa el mundo uno de los mejores de mi vida, al que no le han faltado experiencias, viajes y nuevas amistades.






































Sed felices

sábado, 29 de diciembre de 2012

Amor-odio


Despertarse al borde del infarto con el riiiiiiiiing del fijo de casa por las mañanas, con el cartero intentando fundir el telefonillo o con tu padre pasando la aspiradora en tu habitación mientras “duermes”, esto era algo que no echaba de menos al volver a casa…

Después de la queja, recordar que hace días adelanté que tenía en mente un post friki de los que me gustan a mí, pues bien, después de un pequeño proceso de observación, investigación y fotos de rigor, aquí está: se necesita atención para responder la siguiente pregunta (tampoco mucha): ¿qué tienen en común todas las imágenes?

           
Anuncio en una revista nacional
Flyer de una masterclass de comic
       
Tienda de costura de Santiago

Pegatina de una cerrajería en Santiago
                                    
Etiqueta del portátil de empresa de mi prima
                                    
Horario y cartel de una ferretería de Santiago
                                                  
 Lavandería en Santiago
                  
 Carteles que indican las salas de Mac en mi facultad de Angers

Cartel de oferta de pisos en Santiago

Peluquería en Santiago 
                                                
Psicotécnico en Santiago 
                      
  Imán que se compró mi abuela en Finlandia


Es fácil darse cuenta de que lo que coincide es la tipografía, una de las que más odio ha despertado dentro del mundo de los diseñadores. Yo todavía no soy una de ellos, pero me sumo al desprecio de la Comic Sans (y al amor eterno por la Helvetica).

Para los que no estéis al tanto de esto y os suene un poco a chino, copio aquí la definición que he sacado de la Wikipedia:

Comic Sans es un tipo de letra en formato digital, diseñado por Vincent Connare en 1994 para Microsoft Corporation. Su intención original era imitar las letras de un cómic para situaciones informales, y fue originalmente pensada para Microsoft Bob.

Ha sido incluida en Microsoft Windows desde la aparición de Windows 95, inicialmente como parte de la familias tipográficas suplementarias, incluidas en Windows Plus Pack.

Ha sido desde entonces uno de los tipos de letra más populares y usados en software de Microsoft. Su uso, tan expandido en ámbitos en donde no fue planificado, ha sido muy criticado

Como bien explica la enciclopedia online, es una tipografía destinada a los comics, pero a la gente se le ha ido de las manos y lo usa para muchas cosas: logotipos, anuncios, escaparates, horarios de tiendas, etiquetas, indicaciones, imanes, menús… lo que me pasa a mí es que me fijo en estas cosas que para otro ojo pasan desapercibidas, y como además, no me gusta y aborrezco esta fuente, me da en las narices cuando voy por la calle siempre que la veo.

Casi todas las fotos las hice hoy en Santiago y me bastó una sola tarde con la cámara a cuestas. Salvo el flyer de la clase de comic, que se perdona el uso de la Comic Sans, el resto son un auténtico dolor para los ojos. El mejor es el imán de Finlandia, que mi abuela tiene pegado en la nevera y yo cada vez que lo veo sufro...

Pero he de admitir que no siempre ha sido así, uno hubo una época de mi vida en la que amaba por encima de todas las cosas la Comic Sans, y junto con una de las adicciones más frikis que he tenido, era una mezcla estupenda (la adicción es a Harry Potter, que sigue a día de hoy). Con respecto a la Comic Sans, sólo añadir que menos mal que el tiempo tiene el poder de hacerte cambiar y tu juicio mejora.

Todo empezó cuando mis padres compraron el primer ordenador para casa, un PC de sobremesa con Windows 98 que se instaló en el estudio y con el que tuve mi primer contacto con la informática. No recuero qué año sería, pero yo era una enana. Mi primo Sergio y yo tuvimos la misma fiebre con Harry Potter, de hecho cuando nosotros los empezamos a leer sólo había los tres primeros; como la espera era larga para el lanzamiento de los siguientes libros, decidimos empezar una revista.

Sergio y yo tenemos la misma edad, yo le llevo 15 días de los que me encantaba presumir cuando era más pequeña, cuando tengamos 80 años seguro que él presume de la quincena de juventud que le ha otorgado el destino. Yo vine al mundo el 30 de mayo y él el 15 de junio de 1991. Desde enanos hemos sido uña y carne y ahora que lo pienso veo clarísimo el por qué él ahora estudia ingeniería informática y yo publicidad, me hace gracia ver cómo tirábamos ya por ciertas cosas desde pequeños, porque a mí lo de escribir ya me viene de atrás, y a él la curiosidad por los ordenadores también.

Como me gusta que le pongáis cara a la gente de la que hablo, me he puesto a mirar fotos en los álbumes que tengo en casa, y me he emocionado un poco con la cantidad elegida, pero no he podido evitarlo, todas me hacen demasiada gracia. Las primeras son de nuestros años dorados, las pintas son gracias a la moda horrible que nos tocó vivir en los 90 y que nuestras madres seguían a rajatabla, porque vaya modelitos nos gastábamos... Seguro que muchos de vosotros tenéis fotos parecidas. Las últimas son de actuales, mucho mejor vestidos, por cierto.







La que se podría confundir conmigo en la actualidad es mi madre, 
yo soy la sin piños del primer plano, y ella la moderna de la gorra






Conexión skype Angers-Santiago (yo estoy posando, por eso salgo tan seria jajaja)

Después del momento abuelil con las fotos, sigo; hacíamos una revista con el Word (muy pro para aquella época en la desconocíamos Adobe y el InDesign) y la tipografía que más usábamos era la Comic Sans. Nos encantaba a los dos, y era la más utilizada sin duda, a nuestros lectores seguro que también les gustaba.

Gracias a la revista que hacíamos regularmente, aprendimos a usar el Word y diferentes programas de ofimática, además de arruinar a nuestros padres y dejarlos sin folios ni tinta en la impresora, también nos sirvió para coger soltura y escribir rápido con las dos manos... Aún recuerdo la chapa que me daba mi madre con el Accu Type, los que lo hayáis sufrido como yo, sabréis que es un curso de mecanografía que se basa en ejercicios aburridísimos. 

Ella me lo había vendido como algo muy divertido (pero nada más lejos de la realidad) y allí estaba yo por las tardes, tecleando en el ordenador hasta aprender (a día de hoy se coge más velocidad con el Facebook en tan sólo unas semanas). El programa en sí lo tenía en un disquete de 3 ½, todo muy vintage ahora mismo.

Después de formateos varios, cambios de ordenadores y actualizaciones de software, yo pensé que todas las revistas que habíamos hecho estaban perdidas en el mundo al que  van a parar los archivos olvidados, pero hace poco recibí un enlace de Dropbox de Sergio con un zip que me hizo muchísima ilusión abrir, todas nuestras revistas de Harry Potter estaban comprimidas allí (no las pienso sacar a la luz, una tiene su dignidad). Me pude reír bien a gusto al releerlas, me sangraban un poco los ojos de ver todo escrito con Comis Sans y me di cuenta de que nos habíamos hecho mayores.

Esta fuente ha despertado mucho interés, pero su última hazaña ha sido generar bastante controversia después de que la presentación de Power Point del Bosón de Higgs se hiciera pública, toda ella escrita en Comic Sans. Hay que saber cuándo utilizar una tipografía, porque aunque para algunos sólo sean letras, tienen el poder de transmitir cosas, y para un tema como el de la partícula de Dios, no es muy acertado utilizar una fuente hecha para comics. A lo mejor querían hacer cercano un tema tan inteligible para la mayoría de los mortales, acercando con una tipografía “graciosa y simpática”.

A mí me despierta una rabia interna recibir correos escritos con esta tipografía, o ver felicitaciones navideñas, o el horario del gimnasio… y como podéis ver, la Comic Sans está en todas partes, hasta en Finlandia.

Para hacer el trabajo de "management des entreprises", el profesor nos dejó algunos dossiers de otros años para que viéramos un poco lo que teníamos que hacer y nos organizásemos. Nos dejó tres, uno suspenso, uno con nota normalita y otro muy bien hecho. El de la mejor nota estaba íntegramente escrito con Comic Sans (además de las imágenes pixeladas). ¡Qué disgusto de trabajo! No sólo por la tipografía mal escogida, pero el trabajo era un desastre en todos los sentidos.

Ahora que os habéis dado cuenta de la plaga de esta fuente infantil, posiblemente os pase lo mismo que a mí y os parecerá que esta tipografía es omnipresente. Tampoco es de fiar la gente que prefiere Arial a Helvetica, ya que es la copia barata que hizo Microsoft de la segunda, pero ese es otro tema. Aquí podéis ver las semejanzas y diferencias entre ambas, si tenéis curiosidad.


Ayer hice una pequeña encuesta (por llamarlo de alguna forma) para ver qué pensaban mis amigos sobre esta tipografía, hice una selección un poco al azar según la gente que tenía conectada en el Facebook en ese momento, el resultado es el que yo me esperaba, pero ahí os dejo la respuesta de cada uno, que tiene más gracia.




La imagen a la que me refería yo, y con la que Dani se fue de listo, es esta:











Para que veáis que la Comic Sans no sólo es "odiada" dentro del ámbito de la publicidad/diseño y que traspasa fronteras, ahí están las opiniones de amigos míos que estudian hostelería, derecho, magisterio, periodismo, arquitectura, o ingeniería de caminos (también hay muchos de publicidad). 

Así que ya sabéis, nunca, nunca, nunca hagáis un trabajo, un logo o un horario con esta tipografía, mejor dicho, no utilicéis esta fuente para hacer nada. Otro ejemplo que te hace pensar que el que tuvo la idea era ciego, es una peluquería en Coruña, que hace que te vayas a otro sitio sin dudarlo.


La contraposición de la aborrecida Comic Sans es la adorada por todos: la Helvetica; mi profesor de diseño gráfico del año pasado amaba esta fuente y nos puso un documental en una clase que me gustó mucho, os dejo el link aquí para quien le interese. Dura hora y veinte (está en inglés subtitulado en español).

Y ya que estoy de recomendaciones, el otro día acabé el libro que me enganchó durante una semana, “Algo mas inesperado que la muerte”, de Elvira Lindo, a quien le apetezca leer un libro entretenido de la famosa escritora de Manolito Gafotas, se lo recomiendo. Y para terminar, también tengo que mencionar la peli “Berlin calling”, una buena manera de quedarte con ganas de ir a Berlín y un protagonista con una historia a la orden del día (desgraciadamente); no digo más.



Espero que no se haya hecho demasiado largo el post, y que os haya gustado el pequeño aporte de la lucha por un mundo más bonito, sin Comic Sans.