domingo, 21 de octubre de 2012

La vie en rose


El fin de semana pasado fuimos a dos “cremailler” (llamadas “cremalleras” por nosotras) que son fiestas de inauguración de pisos de estudiantes. El viernes 12 fuimos a una de unos franceses. Estuvo muy bien, el piso completamente vacío dejó paso a una pista de discoteca casera, además mucho más cómodo y sin peligro de romper ni manchar nada (salvo el suelo y las paredes, que no quedaron impunes…). Llegamos allí pasadas las 10 y cuando el ascensor subió hasta el 4º ya podíamos oír la música, cuando se abrió la puerta y vimos la cantidad de gente que había dentro de aquel piso de dos plantas, Raquel, Isagata y yo no dábamos crédito. La fiesta estuvo muy muy bien, con gente francesa y española, conocidos y desconocidos. Acabamos en una discoteca llamada “Le Barrio” gratis gracias a un cubano que nos llevó hasta allí, nos prometió que estaba cerca del sitio en el que estábamos, pero su concepto de “cerca” difiere bastante del mío. De todas formas fue una noche divertida. Al día siguiente comí con Raquel y Luis y cuando llegué a casa lo único que hice fue ducharme y volver a arreglarme para salir otra vez. ¡Qué mal se vive de Erasmus! También influye este horario, al final estamos todo el día con prisa. Os enseño unas fotos para que le podáis poner cara a la gente de la que hablo:


yo con Manu, Raquel e Isa Gata


Luis, Juan, Dani, Manu, Raquel, Isa y un infiltrado francés llamado Julien (y este wey?)

Al día siguiente (sábado) fuimos a otra “cremallera”, esta vez de chicos españoles, aunque había bastante mezcla de nacionalidades. El piso también sin muebles pero no porque los hayan quitado, sino porque directamente no tienen (se alquilan muchos pisos sin amueblar). Esta noche también nos lo pasamos muy bien. Cuando Tere, Javi (el novio de Tere) y yo volvíamos a casa acabó cayendo el diluvio universal y Raquel nos acogió en el petit château (es como llamamos a su piso) para no tener que pegarnos una caminata bajo la lluvia.


Raquel, Manu (del piso), un francés con nombre raro (Tere y yo lo llamábamos Chris Martin por el de Coldplay, se da un aire) y yo



Después de las dos fiestas a lo francés el domingo no salimos de casa. La vuelta desde el petit château por la mañana fue pura muerte y destrucción. Con lluvia y frío llegamos los 3 calados hasta los huesos. Habíamos quedado con Flora a la 1 para comer y cogimos el bus a y media, resultado: llegamos tarde. Flora nos hizo una sopa para que nos recuperásemos del frío y comimos los 4 en el estudio grande. Por la noche cenamos también con Flora y vinieron un chico coreano y una chica mexicana. Fue el mejor plan de domingo que pudimos tener, probamos un montón de comidas y bebidas nuevas.


 Sun Hee, Tere, Javi, Flora y Olga

Así llegó el lunes. Tere y yo fuimos a una asignatura de la que ya habían empezado las clases (le web participatif théories, acteurs et stratégie) pero aún no habíamos ido. Cuando llegamos allí resulta que los grupos de trabajo estaban hechos desde el primer día y tuvimos que decirle al profesor que no teníamos. Subidas a la tarima y con el profesor micrófono en mano, empezó a preguntar que quién acogía a una Erasmus española. Silencio total. Como carne de ganado allí estábamos las dos, mirando a los franceses que apartaban la vista del profesor y de nosotras para no tener que adoptarnos. Ante la negativa por parte de los alumnos, nos metió al azar en un grupo a cada una. El trabajo consiste en hacer una página web, me encantaría si pudiera hacerla con gente que me entiende, pero como no es el caso, tengo que apañarme con el tema que mis franceses han escogido.

Esta semana tuvimos pocas clases, nos estrenamos en otra asignatura que se llama “Image et récit” y el trabajo final es hacer un comic. De lo que trataba la asignatura nos enteramos al llegar allí, un poco surrealista la verdad, pero en la Catho no dejamos de sorprendernos. El martes al salir de clase fuimos a cenar a un kebab y acabamos viendo allí el partido España-Francia, bastante graciosa la situación.

El resto de la semana como siempre, y el finde fiesta otra vez. Ayer estuvimos haciendo fotos por Angers porque era el último día de Javi aquí, que esta mañana se fue. Va a ser raro volver a estar las dos solas después de 10 días con un tercer compañero de piso más. Logicamente no lo voy a echar tanto de menos como Tere pero ha sido un placer conocerlo, es una persona muy entrañable. Hay demasiadas anécdotas como para contarlas todas hoy. 




Javi después de que Tere le comprase los típicos macaron franceses

Ayer por la noche cenamos en casa y tomamos el postre con Flora, que nos hizo un café con espuma con dos artilugios que tiene ella (uno americano y otro inglés) y nos escribió nuestro nombre con miel (lo que cabía), ¡es tan riquiña! Javi le sacó una foto porque Flora SIEMPRE le hace fotos a la comida y a las cosas que preparamos, y para que viera que nos había gustado mucho hicimos lo mismo.



Esta mañana tras acompañar a Javi a la estación y despedirnos, Tere y yo fuimos al petit château y acabamos comiendo con Raquel y Clara en el McDo. Por la tarde vinieron casi todas nuestras amigas españolas a casa a tomar café/te/Colacao e hicimos un bizcocho de chocolate riquísimo. Puse la mesa tan cuquiña que tuve que hacerle una foto, mi madre y mi madrina estarían orgullosas, se aprende mucho con dos profesionales en estas cosas de tazas, copas, pañitos y demás.



A ver qué nos depara esta semana, de momento los planes son un evento de todos los Erasmus el martes en la uni, fiesta de cumpleaños de Flora el sábado, clase magistral de comida china el domingo (con Flora de profesora, claro) y el lunes nos vamos a París hasta el jueves, así que no pinta nada mal.

Bisous

jueves, 11 de octubre de 2012

Otoño


Hace ya que entramos en el otoño, y en Angers se nota. La lluvia y la humedad son los protagonista de nuestros días. Tere y yo le hemos dicho “hasta luego” a la bici y estamos abonadas al bus, porque cuando llueve a cántaros y hay que ir a clase a las 8, lo que menos apetece es llegar caladas hasta los huesos.

Nuestra línea de autobús es la número 2 y tiene una afluencia de pasajeros considerable. Siempre que nos subimos está llenísimo de gente: trabajadores agobiados mirando el reloj que llegan tarde por el atasco, estudiantes con pocas ganas de llegar a clase, ancianos con aspecto de cansados, señoras agobiadas que no pueden con todas las bolsas y los típicos viejitos que se empeñan por sentirse jóvenes quedándose de pie en el autobús, haciendo equilibrios por salvarse de una caída segura agarrados a las barras como si les fuera la vida en ello.

Seguimos hablando del autobús, o más bien del transporte público en general. ¿Quién no se ha colado nunca en el metro, autobús o tren en otro país? Una españolada muy típica. La respuesta a esta pregunta si eres estudiante o joven sin pasta, es un sí como una casa. Si te pillan te haces el guiri y como decimos los gallegos, malo será. Te ahorras un par de euros y comes en el McDonald’s dos hamburguesas. Como la vida misma.

Tere y yo, con nuestra mentalidad española y bolsillo de estudiante Erasmus, veíamos muy fácil eso de colarnos en el bus y ahorrarnos el billete, o comprar uno y viajar gratis hasta que te pillen, y si lo hacen, validarlo al momento y problema resuelto. Pues no, aquí eso no se puede hacer. Esta semana hemos visto a 3 revisores y hemos enseñado nuestra correspondiente tarjeta 3 veces. El autobús se para, suben 3 señores in total black (que imponen), uno se va al fondo, otro se queda en el medio y otro en el principio. No sale nadie del vehículo hasta que se haya asegurado de que no te has colado. En el mes escaso que llevamos aquí esto nos ha pasado 4 veces, y 3 comprendidas entre el sábado y el miércoles.

Descartada entonces la heroica hazaña de colarse en el transporte público en Angers. ¡Con lo que bien que sienta ese sentimiento de triunfo y la adrenalina del trayecto! Mis padres se escandalizarán al leer esto, pero no fui capaz de convencerlos de colarnos en el metro de ningún sitio. Y eso que les insistí de lo fácil del asunto y de que en Barcelona te compras un billete y pasan dos, o de que mi amiga Sara y yo en Roma viajamos gratis en tren y en autobús como Perico por su casa. Nos volveremos a comprar la tarjeta mensual del bus, que no quiero tener problemas con la gendarmerie, me ha llegado con el asunto del móvil que me ha amenizado gratamente (nótese la ironía) esta semana (los que me conocéis sabréis de que hablo).

Volviendo al otoño de nuevo, la ciudad está preciosa estos días, no es que sea yo muy fan del otoño ni del mal tiempo, pero los paisajes que deja a su paso me encantan. Angers está atravesada por un río, y es por eso que me recuerda un poco a Pontevedra, aunque los puentes de la capital de la provincia gallega son más bonitos, todo sea dicho. No es que sea yo una experta en la materia, pero la arquitectura francesa tiene unas características especiales que hacen que todo el ambiente parezca un poco como el mundo de Harry Potter, sacado directamente de la imaginación de J.K. Rowling. Como una imagen vale más que mil palabras, ahí os van unas cuantas.
















El otro día mis padres me preguntaron si había vuelto Flora de su viaje, sí, volvió. Tere y yo le hicimos un cartelito que le pegamos en su puerta dándole la bienvenida. Sobra decir que lo primero que hizo fue sacar su cámara Nikon y hacerle una foto, después la subió al Facebook y nos etiquetó toda mona. Nos trajo de regalo a cada una, sobres de té inglés de Londres, y nos estuvo contando su experiencia en Islandia, nos dejó los dientes largos…
Suplimos la ausencia de Flora trasladando la tele del estudio pequeño al grande, ahora ya tenemos de todo. Ver los Simpsons mientras cenamos no nos los esperábamos al llegar a las francias.





La vuelta de Flora la celebramos cenando juntas en nuestro estudio, nos hizo una sopa taiwanesa cojonuda y probó por primera vez el jamón serrano. Cuando ya nos habíamos despedido, Tere vio una araña asquerosa y gigante en el baño, después del grito de auxilio y de cerciorarme de la gravedad del asunto, acudimos a nuestra vecina, que vino rauda y veloz a socorrernos. Mató a la susodicha con ambientador de citron, cuando acabó de rociar todo el baño, el estudio parecía el preludio de una muerte en una cámara de gas. Tengo que añadir que se ha comprado el iPhone 5, es la primera vez que lo veo en persona, y me quedé flipando cuando lo sacó del bolso en el autobús.

Creo que nunca os he contado nada de nuestro tercer compañero de piso. Es ruidoso como él solo, da el coñazo todo el día, sólo nos concede minutos de paz intermitentes que agradecemos sobre todo por la noche, ahora ya nos hemos acostumbrados y su ruido constante es como una musiquilla melodiosa. Os hablo de la nevera. El electrodoméstico imprescindible por excelencia, con el que tenemos que dormir, ya que se encuentra en la misma estancia, hace un ruido que una vez pasada una hora ya ni escuchas, pero cuando llega el momento de irse a la cama se te mete en la cabeza y no te deja oír ni tus propios pensamientos. 

Después de casi un mes aquí (el 14 de octubre haremos el mes) y de la llegada de las cajas, tenemos esto como nuestra casa, mucho más acogedor que cuando llegamos. Os enseño algunas fotos de mi habitación y de mis cosas.















Con esto me despido, espero haber saciado vuestras ganas de seguir leyéndome y que os haya gustado. Pronto escribiré con novedades, que mañana llega el novio de Tere de visita y se queda diez días, por lo que haremos tour turístico por la ciudad. Besos




viernes, 5 de octubre de 2012

Érase una vez una almohada

Hace más de dos semanas, el 14 de septiembre para ser exactos, llegué a Angers. ¡Qué lejano lo veo ahora y qué fácil resulta decirlo! Después de hacer Santiago-Vigo en tren, Vigo-Oporto en bus, Oporto-Tours en avión, Tours-Angers en tren y estación de tren-casa en coche, llegamos a nuestra nueva casa. Salir de España, hacer tránsito en Portugal y acabar en Francia.  Menos mal que vinimos Tere y yo juntas, porque fue un día largo, cansado y lleno de sensaciones. Entre tristeza por lo que dejamos atrás, nervios por lo que vendría y alegría por empezar una experiencia única.

Además de Tere, mi otra compañera de viaje es mi inseparable maleta. Diez kilos de equipaje de mano con los que sobrevivir hasta que llegasen nuestras cajas días después. En la maleta de cabina no iba más que lo imprescindible: cámara, portátil, diccionario de francés, gafas y ropa para menos de una semana. Llegaron las cajas en las que venía el resto de equipaje, con puntualidad británica y la alegría fue mayúscula. Parece estúpido, pero fue a partir de entonces cuando empezamos a sentirnos como en casa de verdad.

Nuestras cosas para un cuatrimestre en una maleta y dos cajas de 20 kilos. Yo el año pasado volví de Tarragona con la misma maleta pero con seis cajas, también de 20 kilos. Algo no cuadraba en mis cuentas, por lo que era más que evidente que al llegar aquí iba a echar de menos algunas cosas, y así fue. 

Todo empezó con "ojalá tuviera una almohada" (en este país duermen con cojines, y los llaman almohadas, qué graciosos estos franceses...), en ese momento nos conformábamos con una cualquiera; pero al ver los precios y lo poco apetecibles que eran las que podíamos permitirnos, la cosa cambió. Nos fuimos hasta el Atoll, un centro comercial gigante que parece un aeropuerto, nos volvimos sin almohada. 




"Ojalá tuviera aquí mi almohada" tan cómoda y con ese olor a las sábanas de mi casa. En ningún momento se me pasó por la cabeza enviarme la almohada en las cajas, ni la almohada, ni las katiuskas, ni una mochila, ni un paraguas, ni mis botas negras, ni gorros... en fin, que cuando nos asentamos y fuimos conscientes del frío que íbamos a pasar, me di cuenta de que echaba de menos demasiadas cosas. ¿Cuál fue el resultado? Tere y yo hicimos un nuevo pedido en sinmaletas.com, una caja para cada una.

Las primeras cajas eran mayoritariamente de ropa, calzado y cosas estrictamente necesarias. Las segundas llegaron anteayer. Todo el contenido era un encargo que les pedí a mis padres, previa lista interminable vía email. La primera lista que hice eran cinco cosas contadas, pero ya que mandaba una caja, que cundiera, y empecé a añadir cosas y cosas. Por pedir que no quede, y así fue como acabé con una enumeración infinita de lo más variopinta; botas, almohada, collares, té de canela de mi querido Mercadona...

Días antes de la llegada del pedido, sólo decíamos "qué ganas de que llegue la caja y dormir con nuestra almohada". El día de, salimos de clase y cogimos el bus para llegar antes, asomamos la cabeza en el garaje donde habían dejado la vez anterior las otras, y allí estaban esperándonos nuestras cajas. Tan grandes y pesadas como las anteriores. Pero llenas de sorpresas.

Yo sé que soy una exagerada y los que me conocéis también lo sabéis, pero en serio, ¡qué felicidad! Subimos las cajas dejándonos la espalda hasta contentas por llegar arriba y abrirlas. Era una sensación como de Navidad adelantada. Cada una en su estudio con las puertas abiertas, sacando cosas y gritando a cada descubrimiento. Yendo a buscar a la otra para enseñar lo que nos habían mandado. Nos daba la risa viendo la situación, parecíamos exiliadas emocionadas por recibir cosas de nuestra vida pasada. "Mira, este es el abrigo que te dije", "esta es la mochila que te conté", para acabar afirmando las dos "tenemos comida para todo el año".

Nuestros respectivos padres nos han mandado de todo. Cuando digo de todo, es de todo. Desde que llegué aquí llevo buscando en el supermercado salsa de Yogur para ensalada, pues no existe, o de kebab o a las finas hierbas, o nada. Qué gracia me hizo ver una dentro de mi equipaje, además de un bizcocho de mi madre, un bote de Cola-Cao, pastas Gallo, tres cajas de té, entre otros. La de Tere también venía cargada, embutido, chocolate, golosinas y sopas para exportar. Prueba gráfica de ello:




Al final acabaremos volviendo rodando a España en vez de en avión, o comprando dos asientos en Ryanair. Pero es genial abrir la despensa y ver todo lo que hay, tan genial que estuvimos un buen rato las dos admirando la abundancia en la que vivimos ahora. Además de la comida, ya tengo la habitación decorada más a mi gusto, mis padres me enviaron la bandera de mi querida Galicia, que me la había olvidado. Entre eso y unos recortes de la revista Elle, mi estudio va teniendo otro aspecto.

Después de recibir la esencia de nuestra tierra y nuestra casa, ayer cuando estábamos haciendo la cena (a eso de las 8 de la tarde...) pusimos la tele y voilà! Los Simpson!! O mejor dicho, "Les Simpson" que están afrancesados. ¡Qué cara se nos quedó a las dos cuando escuchamos la música del principio! No dábamos crédito, fue casi igual que estar cenando en Spain.

Los padres de Tere le enviaron un paquete de gallegas "Flora" (aquí esa marca se llama Fruit d'Or) para nuestra vecina taiwanesa de idéntico nombre, que seguro que le hace muchísima gracia. Que por cierto, el viernes pasado se fue de viaje y no tenemos ni idea de cuando vuelve. Algo que nos encantaría saber porque lo que se dejó aquí encendido fue su despertador, que todas las noches a las 22:10 nos ameniza hasta la 1 sonando sin parar, como avisando de un inminente ataque nuclear. Salvo por ese detalle, todo bien. Subo aquí una foto para que le pongáis cara, es de una tarde que estuvimos en su estudio tomando té y galletas.



Con respecto a la uni y las clases, seguimos teniendo un poco de lío con el horario, pero ya está más o menos encaminado. Tengo dos asignaturas que me tienen muy buena pinta, y me apetece empezar los trabajos que nos han mandado porque son de creatividad. Llevo desde junio sin hacer nada, como quien dice, y ya me va haciendo falta ejercitar el cerebro; que debe estar todavía de vacaciones porque mi nivel de francés no mejora demasiado rápido. En la caja me han mandado mis libros, los de bachillerato no, los de ESO, así que me pondré seriamente a ello a ver si espabilo. De todas formas, y sobre todo para que mi abuela se quede tranquila, no tengo ningún tipo de problema para hacerme entender, ni para atender en las clases. Aprovecho que sé que me lee, para decirle que se mejore, que sólo hace falta tiempo y fuerza para que todo vaya mejor.

Cambiando de tema, esta noche hay fiesta y mañana por la mañana vamos a ver el mercado que se hace en Angers todos los sábados en el Jardin du Mail, Tere y yo comeremos con unas amigas en su piso y por la noche fiesta de nuevo. El domingo aprovecharemos para seguir conociendo nuestra ciudad, que aún nos quedan cosas por ver, si no llueve iremos en bici, que yo por lo menos me estoy aficionando de verdad, además así voy acostumbrándome para sacarme el carnet de moto al volver a Santiago (mis padres siguen pensando que lo digo de coña). Esta es la bici de Tere, la mía es azul y sin cesta (le hice la foto a la suya que me parece más mona). Son las bicis de la "Ville de Angers", las hay verdes, moradas, naranjas y azules. Son una auténtica plaga porque todo el mundo se mueve con este "vehículo" y a veces es difícil recordar cuál es la tuya o dónde la dejaste aparcada. 





Y esto ha sido todo! Seguiré informando de las novedades angevinas :)

Bisous!