jueves, 22 de noviembre de 2012

Un 23 de noviembre...




Como se puede ver, hoy no escribo para contar nada referente al Erasmus (aunque ya tengo novedades… jajaja) sino para felicitar a una de las personas más importantes de mi vida. Serán los kilómetros que aumentan mi morriña, pero me da mucha rabia no poder estar con ella el día de su cumple. A pesar de cumplir hoy la mayoría de edad y de sobrepasar el metro 75, será siempre Sarita.

Un día como hoy, hace 18 años venía al mundo mi prima pequeña. Un bebé de lo más bochechudo y cabezón (lo que yo recuerdo y de lo que las fotos dejan constancia) pero tan riquiña que daban ganas de comérsela a besos. Yo tenía 3 años y ningún hermano, por lo que la llegada de Sara fue genial. Uña y carne desde siempre, un pack, el hambre y las ganas de comer, una extensión de mi cuerpo. Y así seguimos las dos, ambas hijas únicas, pero con el apoyo mutuo de una medio-hermana, por eso le tengo un apego y cariño especial.

Es bien sabido por todos que la familia no se escoge, te toca. Yo tengo la suerte de que la mía me encanta, y Sara además de familia, es mi amiga. Desde que tengo memoria y uso de razón, hemos estado juntas, para lo bueno, lo increíble, lo malo y lo peor. Yo soy la mayor, pero ahora que ella me saca un par de cabezas la gente cree que soy la pequeña… Así de rápido pasa el tiempo, sin apenas darme cuenta Sara tiene ya 18 años. 

Infinidad de veces nos han preguntado si somos hermanas porque “somos iguales” (nada más alejado de la realidad, porque no nos parecemos) y a las dos nos gusta que se vea eso desde fuera. 

A pesar de ser antagónicas, nos complementamos muy bien. Ella es una especie de cactus que da los dos besos de rigor y por educación, yo soy mucho más cariñosa, sobre todo con ella, a pesar de que lo odie... El desorden es lo que suele reinar al mi alrededor, sin embargo Sara es todo lo contrario, las cosas fuera de sitio le ponen de los nervios. En el tema de la responsabilidad cada una lo lleva a su manera. A todos nos han dicho alguna vez que podríamos hacer más de lo que hacemos, ella siempre nos acaba sorprendiendo positivamente. Ambas somos bastante independientes y nos gusta tener nuestro espacio y libertad.

Compartimos gustos y aficiones, nos encanta ir de compras, la ropa, la moda y todo lo que tenga que ver con ella, la música, el cine, viajar y conocer mundo. Desde enanas hemos dicho que iríamos juntas a Nueva York y que viviríamos una época de nuestra vida allí. Fantasías aparte, estoy segura de que en algún momento nos tocará irnos juntas a buscarnos la vida, y yo encantada de que sea con ella.





Es imposible resumir todos los momentos contigo, pero están los mejores. Felicidades Sari, te quiero ;)

martes, 20 de noviembre de 2012

¡Por el amor de Cándido!


Como ya adelantaba, el viernes pasado fue una gran noche, de estas de las que dan para hablar durante días, semanas, meses y años (como el cumple de 18 de mi amiga Inés). Tanto que Clara nos preguntó in situ, a mí y a Tere, si la recordaríamos cuando tuviésemos 50 años.

Empiezo.

El plan del viernes no era demasiado alentador debido al frío y a las frustraciones con las que nos encontramos muchas noches (por no poder entrar en algunos sitios). Sufrimos la baja de Isagata, Fátima y Raquel para salir, por lo que quedábamos cuatro. A las diez en la puerta del Soft nos juntamos Clara, la Bohemia, Tere y yo. No pintaba demasiado bien el plan pero ya se sabe, las noches menos planeadas y que menos ganas de salir tienes, resultan ser las mejores. Yo me autoconvencía de esto e intentaba transmitir mi espíritu a las otras, pero la Bohemia se rajó cuando el Soft cerró y nos quedamos Clara, Tere y yo.

El Soft es un bar-pub al que últimamente estamos abonadas, el sitio está bien y el ambiente es aceptable. Los precios son asequibles, aunque he de decir que el viernes pasado recurrimos a una técnica muy rata: consumimos una vez pero el vaso siempre estaba lleno, al igual que nuestros bolsos.
Estábamos en plena conversación cuando apareció en escena Ibi Kiwito, que se unió a nosotras pero también se fue cuando cerró el pub, al igual que la Bohemia. Según Dani (Ibi Kiwito) Clara, Tere y yo teníamos un “aura divertida” encima y no queríamos dar por finalizada la noche tan temprano.

Fuera del sitio en cuestión estaban unos amigos de clase de Clara, como ya dije en alguna entrada, ella estudia Historia y Ciencias de la Música, por lo que el grupo que estaba allí fuera, también. Nos ofrecieron ir a una soirée en una casa cercana, y como ya estaba todo cerrado, ni lo dudamos. Tere y yo en bici y el resto caminando. Era una distancia corta pero fue un trayecto largo, que si le sumas el frío y la niebla, el resultado eran unas ganas inmensas de llegar al número 18 de una calle de la que no me sé el nombre.

Cuando llegamos a la casa en cuestión, nos sorprendió el ambiente que denominamos como “bohemio”. No era lo que nos esperábamos, todo sea dicho, estaba todo muy calmado, tranquilo, no había el ruido típico de una fiesta, pero tenía buena pinta. Nos acomodamos las tres en un sofá y desde esa cómoda perspectiva algo cambió. Sin darnos cuenta de repente estábamos en otra época. En la casa de tres pisos había un grupo de gente de lo más pintoresco, la mayoría franceses, además de un ecuatoriano y nosotras tres, españolas. En total seríamos 12.

Lo de que era ecuatoriano, nos enteramos cuando las tres estábamos quejándonos de que no se nos ofrecía ni un triste vaso de agua, pensando que nadie iba a entender nuestro perfecto español. “¡Pero sírvanse lo que quieran!” dijo en un español afrancesado el chico que estaba en el sofá de en frente. ¡Un topo! Empezamos a recapitular sobre todo lo que habíamos dicho para ver si teníamos que morirnos o no de la vergüenza, pero en los veinte minutos escasos que llevábamos allí, no nos dio tiempo a cagarla ni a irnos de la lengua sin saber que había alguien que nos entendía. Lo más gracioso era cuando a Clara se le olvidaba y hablaba delante de él sin ningún tipo de reparo, mientras Tere entre dientes y sin perder la compostura, farfullaba algo como “Clara, que entiende todo…”.

En el salón había un piano, que pronto fue el protagonista de la noche. Todos los que estaban en la casa eran músicos y tocaban algún instrumento, menos Tere y yo, que somos un proyecto de publicistas y sabemos de música lo mismo que de física. Todos los “bohemios” se pusieron a cantar, pero no a gritos y desafinando como haríamos mis amigas y yo. No, no, en plan bien y profesional. Nosotras tres desde el sofá de piel blanco no dábamos crédito. Tere se acercó y se quedó de pie atenta al espectáculo que acababa de empezar ante nuestros ojos. Desde Yesterday, Stand by me (ahora es cuando cobra sentido la entrada anterior) hasta Billy Jean.

El rollo era como como el de esta canción, no podíamos estar más entusiasmadas... si quieres saber cómo, pincha.

¡Pero qué temazos! Fue como tener a los Beatles en el salón de casa cantando para ti. Me da tanta rabia no haber grabado ese momento… pero tendría que interrumpir el concierto espontáneo y no quería ni pestañear para no perderme ni medio segundo. Pero hay un par de momentazos grabados, uno de ellos fue el final de la soirée. Todos sentados en una cama pendientes de Adrien (el de la casa) tocando el acordeón y cantando, cada uno de nosotros con un instrumento en la mano, porque de repente Leiva (un chico al que apodamos así por su parecido con el cantante de Pereza) empezó a sacar todo tipo de artilugios de una maleta. Tere tenía una especie de palo, yo una mini maraca roja (no pudo faltar el dale Mar Roca!) y Clara una cosa que yo llamaba cencerro (pido perdón por mi incultura musical…).

En fin, no puedo describir con palabras lo que fue esa noche, se le aproximaría un poco a surrealista, bohemia, rara (en el buen sentido), divertida, absurda… pero creo que me quedo con diferente, porque sin ninguna duda lo fue. Nos dolía la tripa de reírnos y las manos de aplaudir. No sé en qué momento Tere se hizo con un sello de estos como los que van en los documentos oficiales, pero con el nombre y apellidos de Adrien, su dirección, su profesión... y nos llenó brazos, cuello y cara incluída (la bochecha de Clara estaba afectada) porque le pareció una muy buena idea. Vaya cuadro.

Pero como ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras, hoy no enseño fotos, os dejo dos vídeos que grabé de venada audiovisual comunicativa.




Por último, añadir que este finde Tere y yo nos vamos a la Bretaña con una pareja de franceses entrañables. Los conocimos en el covoiturage ( http://www.covoiturage.fr/ una página web en la que conductores ofertan plazas libres en su coche para viajar y tú como pasajero la compras, en España se llama blablacar, http://www.blablacar.es/ que por cierto, recomendadísimo) y ellos fueron los que nos llevaron a París. 

A ver que sale de ahí, estaremos de viernes a domingo con ellos con la única condición de hacer comida de “chez nous” (de nuestra casa), no nos podemos quejar porque hemos tenido una suerte increíble.

¡Besos!


sábado, 17 de noviembre de 2012

Stand by me


When the night, has come
and the land is dark
and the moon is the only light we'll see
No, I won't be afraid, no, I won't be afraid
Just as long as you stand, stand by me

And darlin', darlin', stand by me, oh now now stand by me

If the sky that we look upon
Should tumble and fall
And the mountains should crumble to the sea
I won’t cry, I won’t cry, no I won’t shed a tear
Just as long as you stand, stand by me

And darlin’, darlin’, stand by me, oh stand by me
Stand by me, stand by me, stand by me, yeah

Whenever you’re in trouble won’t you stand by me, oh now now stand by me
Oh stand by me, stand by me, stand by me

And darlin’, darlin’, stand by me, oh stand by me
Stand by me, stand by me, stand by me


Después de muchos intentos de soirée a la francesa, ayer fue LA noche.
Próximamente.



jueves, 15 de noviembre de 2012

Prisas


Levantarse, desayunar, ducha y a clase. Esto si tenemos clase de mañana, pero en la Catho solemos tener a horas tan raras y dolorosas como a las 13:30h, a las 14:00h o a las 15:14h.

Tere y yo llevamos toda la semana prometiéndonos que a las 10 nos levantaremos y aprovecharemos la mañana para hacer cosas. Lo raro es que nos vayamos a dormir antes de las 2, por lo que cuando ella me insiste en que vamos a madrugar y va a venir a las 10 en punto a despertarme, yo me río por dentro y le digo que sí, que yo también voy a levantarme y hacer cosas productivas (jajajajaja), ella se medio pica y me repite que vendrá a despertarme. Van cuatro días que nos levantamos un poco más tarde de las 11. Sobra decir que las sábanas tienen una fuerza sobrenatural que atrapan hasta al más dispuesto. Pero Tere no pierde la ilusión de ponerse el reto de amanecer antes del mediodía y cuando entra en mi habitación yo sigo durmiendo, me sube la cortinita de la velux cual madre y mientras ella desayuna, yo intento auto-convencerme de que tengo que levantarme. Esta mañana ha sido más fácil convencerla a ella de que se quedase durmiendo conmigo “cinco minutitos más” y nos han vuelto a dar las 11.

A pesar del remoloneo mañanero, nos pasamos el día con prisa, corriendo, subiendo y bajando escaleras, perdiendo autobuses y esperando ascensores. El horario francés nos hace comer tempranísimo y llegar a clase con la comida en la boca. Se nos desbarajustan los planes y los biorritmos que hemos llevado durante 21 años. Tenemos que salir corriendo de casa para llegar a tiempo a la facultad. Sobra decir que siempre llegamos rozando la hora; o perdemos el bus porque nos pasa en las narices, o salimos de casa cuando la clase está a punto de empezar.

Salimos de clase, vamos a casa y tenemos que cenar a ritmo de engulle para poder coger el último bus y no tener que esperar a los de la soirée (la noche). Ni un segundo para respirar. Hay días que, obviamente, no apetece comer a las 12 un filete después de haber desayunado a las 10 y nos vamos a clase con los cereales bailando en la tripa. Salimos de la Catho por la tarde y cuando llegamos a casa no tenemos hambre, tenemos principios de muerte por inanición. Entre las prisas, los horarios que nos marcamos, las comidas a deshoras y el agobio de las clases, vamos a volver a España con la angustia de mirar el reloj y calcular horas para cualquier plan que tengamos en mente.

Para romper con la monotonía del golpe de corneta, ayer fue un día pausado; estuvimos todo el día en casa haciendo trabajos, nuestra única visita fue Clara por la mañana, ni siquiera hablamos con Flora de lo absortas que estuvimos cada una delante de la pantalla de su ordenador. La prisa llegó cuando salimos de casa a las 8 menos algo para ir a comprar con el Super U a punto de cerrar.  Ya era noche cerrada y nuestro pseudo-pijama fue el atuendo elegido para la ocasión, calzadas con botas estilo Ugg que usamos a modo de zapatillas nos fuimos decididas a llenar nuestra nevera, tan pequeña como es, se llena y se vacía al mismo ritmo.

Estuvimos tantas horas sentadas, concentradas y trabajando que cuando nos vimos las dos en la calle son semejantes pintas y con una bolsa del tamaño de un paracaídas, nos daba la risa como si llevásemos encima unas copas de más. Para arreglar la situación absurda, Tere se tropezaba a casa paso, tantas veces que perdí la cuenta, la boca que tiene una de sus botas era la culpable. Admito que yo también me tropecé, pero una vez, no soy capaz de andar como una persona normal calzada con esas botas de oso de las nieves.

Si sigo hablando de las prisas, es obligado decir que en Angers (y en Francia en general) las tiendas pequeñas cierran a las 7, el Super U y las galerías Lafayette a las 8 y el Spar a las 9. Las tardes en Angers no existen, son un invento de los españoles que aquí echo mucho de menos. Tomar algo e ir de tiendas hasta una hora prudencial es un plan imposible. El día empieza demasiado pronto, se hacen largos y a veces eternos, sin embargo miras el reloj y solamente son las 7 de la tarde, pero tienes la sensación de que son las 11 de la noche y el día está acabado.

Se vacían las calles y muere la ciudad, que resucita gracias a los españoles que nos empeñamos en hacer vida nacional en territorio hostil. Pero nuestros horarios aquí no funcionan y hay que adelantar todo un par de horas (incluso tres). No es que yo viva en España a ritmo canario, pero la prisa en este país se les va de las manos.

Besos